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La Coctelera

CUADERNO DE BITÁCORA

Memorias de las andanzas de Cthuchi Zamarra

Categoría: Indonesia

25 Marzo 2006

PUBLICACIONES

He colgado en la web Insumissia un articulo sobre Indonesia

Militarismo fundamentalista en Indonesia

Podeis ver mi anterior articulo sobre Sri Lanka en

Tambores de Guerra tras el Tsunami

tambien disponible en la web Insumissia

O podeis incluso descargaros mi libro sobre Palestina

Cronicas del Apartheid

Tambien una traduccion de un texto de la gente con a que contacte en Australia

Una aportacion feminista a la teoria de la defensa civil.

O incluso podeis encontrar un articulo mio sobre la comunidad de paz que visite en Colombia hace unos anios.

San Jose de Apartado

Pues eso, pa que no sos quedeis na mas con las batallitas de la bitacora...

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20 Marzo 2006

LA SELVA DE BORNEO

Llegué a Balikpapan en la provincia de Kalimantan Este el jueves 2 de marzo con la intención de apurar los últimos días de visado en Indonesia. Había entrado en este país con la intención de pasar unos días antes de dirigirme a Filipinas y me ha devorado la inmensidad y las distancias. Así pues en Borneo tan sólo tenía tiempo para asomarme al inmenso río Mahakam, que ejerce como puente de comunicación entre la región costera y el interior de Borneo, aunque ya empiezan a construirse alguna carretera que empieza a hacer obsoleto el viaje por barco en las regiones más cercanas a la desembocadura. Así, de Balikpapan, sin detenerme en esta ciudad petrolera con fama de cara me dirigí a Samarinda, donde el Mahakam alcanza una anchura de un kilómetro, existiendo un inmenso puente que lo cruza. Una vez bajé del autobús mi intención era subir por carretera lo máximo posible antes de embarcarme hacia partes más altas del río, donde podría tomar contacto con la famosa cultura indígena de los dayaks, los cazacabezas tatuados de Borneo.

Hay que decir que hace unos años los dayaks recuperaron su espíritu guerrero y atacaron a los inmigrantes madureses (de la isla de Madura, cercana a Java y Bali). En otra parte he escrito sobre los conflictos de Indonesia, transcribo aquí una parte de las impresiones que me ha causado este conflicto.

“Las políticas de transmigración en Indonesia tendrían como objetivo aliviar la presión demográfica de las llamadas islas interiores, Sumatra, Java, Madura y Bali y desarrollar las economías de las despobladas islas exteriores, es decir, explotar las fabulosas riquezas naturales de las zonas más remotas. Junto con las madereras llegaron las mineras y sus devastadoras minas a cielo abierto, así como los monocultivos de palma oleaginosa, plantas para pasta de papel y caucho. Esta explotación no sólo no tiene en cuenta los derechos comunales del pueblo dayak sino que están produciendo un deterioro ambiental sin precedentes en Borneo y se palpa sobre todo en las regiones más cercanas a la costa y con mejores infraestructuras para dar salida a las mercancías. La policía, mayoritariamente de origen javanés se ha identificado con los inmigrantes ha cometido sobre los dayaks los atropellos habituales del régimen militar. De este modo, con la crisis y caída del régimen de Suharto y la menor intervención estatal que ello conllevó, dio la oportunidad para los dayaks de tomar las riendas del asunto. Así que los antaño temidos cazadores de cabezas dayaks, que se habían mantenido a lo largo de la historia con un gran nivel de independencia en el interior de las jungla, resucitaron sus prácticas guerreras en y en varios brotes de violencia, principalmente en 1996, 1999 y 2001, atacaron a la población maduresa inmigrante, causando más de dos mil víctimas. La recuperación de prácticas de decapitación y canibalismo conmovieron al mundo mientras que la policía indonesa se mostró totalmente ineficaz a la hora de proteger a la población civil. Al final el conflicto ocasionó el desplazamiento de los madureses de Kalimantan Central, de los que ya no queda ninguno, habiendo sido instalados en campos de refugiados en otras zonas de Kalimantan así como en domicilios familiares en Java o Madura.”

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FOTO: La mezquita principal de Muara Muntai.

Volviendo al relato de mi viaje, en Samarinda tuve un conflicto con un conductor de bemo espabilao. Había negociado con él ir a Tengarong, una ciudad situada un poco más arriba en el Mahakam y el precio que negocié era para un viaje de una hora, pero el tipo me llevó tan sólo a la estación de salida de los coches que hacen esa ruta. El precio por ello, tal y como pude comprobar consultando con mis compañeros de viaje era diez veces menos y eso es lo que me dispuse a pagarle. Así que estuvimos unos diez minutos discutiendo, yo ya montado en el coche que me iba a llevar a Tengarong por la mitad de lo que el tipo me quería cobrar por llevarme hasta allí. Al final teniendo en cuenta lo ridículo de la suma que estábamos discutiendo (veinte céntimos que era el precio contra dos euros que me pedía) cedí bastante, por respeto a la gente con la que compartía bemo que estaba todavía esperando a que el conductor les llevara donde fueran. Por lo menos que supiera que no todos los extranjeros son bolsillos de dinero andantes. En la discusión hube de poner al límite mis conocimientos de bahasa indonesio para hacerme explicar. Por cierto, por estos lares es muy difícil encontrar gente que hable inglés, por lo que si no se habla la segunda lengua de la zona, el indonesio, es complicado hacer nada.


FOTO: Calle de Tengarong en la que se ve un monumento hinduista.

Cuando llegué a Tengarong, decidí quedarme un día a descansar, pues desde que salí de Tanah Torajah tres días atrás apenas había parado. La ciudad, que en la edad media había alojado un imperio hindu, había sido la capital de el sultanato independiente de Kutai, que como Brunei mantuvo su independencia durante la colonización europea pero que fue anexionado por Indonesia en los tiempos de Sukarno.

Así que un par de días después cogí otro autobús hasta Kota Bangun, ciudad que por ser la última con acceso por carretera decente ejerce de centro de operaciones y enlace entre las partes alta y baja del río, que se adentra todavía otros ochocientos kilómetros en el interior de la selva. En esta ciudad comercial dormí en el único hostal existente por el increíble precio de un euro y medio la noche, aunque sin ventanas y con el baño compartido con los demás viajeros. Aquí los edificios eran ya todos de madera, construidos en los márgenes del propio río. Al día siguiente, siguiendo las costumbres locales, me dirigí al puerto dispuesto a tomar el primer bote que subiera hacia arriba, con la ciudad de Muara Muntai, construida enteramente sobre las aguas como primer destino. Para ello tuve que esperar un par de horas a que se llenara el bote, cosa que se hizo cuando llegó un autobús procedente de Samarinda. Ese rato con los taxistas, de los cuales tan sólo uno chapurreaba un poco inglés fue de lo más entretenido. Fui testigo de cómo se preocupaban de salvar la vida a un pajarillo medio ahogado por el barro y cómo construyeron entre todos en pocos momentos una pequeña pasarela para acceder a los botes sin mojarse los pies que por circunstancias del viaje, fui el primero en usar.

En Muara Muntai, a pesar de la belleza de estar construida enteramente en el río no me detuve y seguí hacia Tanjung Issuy, pueblo dayak que era mi destino principal, por tener una de las antiguas casas comunales reconvertida en hotel para turistas. En Tanjung Issuy la verdad es que no permanecí mucho tiempo, lo justo para darme varios paseos por el lugar, bañarme en el profundo embarcadero, donde el agua se traga el muelle que en la estación seca apura al límite y admirar la artesanía y cultura dayak.


FOTO: a las afueras de pueblu

Me faltó hacerme una excusión en barca por el pantano, que sí que habían hecho mis compañeros de hospedaje, que estaban en el lugar repartiendo vacunas contra la tuberculosis y que aprovechaban sus ratos libres para ver pájaros en los humedales. Aquí tuve un feliz reencuentro con los amigos mosquitos que me habían dejado tranquilo durante la mayor parte del viaje por Indonesia, aunque nada comparable a Sri Lanka, donde eran enemigo número uno a combatir.


FOTO: Chavalucos debajo del lugar donde dormia.

Al día siguiente me acerqué a Mancong (pronúnciese Manchong), un bonito pueblo dayak construido sobre madera encima de otro pantano, con una grande y hermosa casa comunal en la plaza sobre tierra firme.

FOTO: Lamin o casa comunal Dayak

Coincidí con los preparativos para una matanza de cerdos que tendría lugar a la noche, y su amabilidad fue grande, pues sin pedirme dinero ni tratando de venderme nada me dejaron contemplar los pequeños ritos que hacían durante los preparativos, e incluso me obsequiaron con una taza de te. Mi motorista se empezaba a impacientar al ver mi parsimonía y mis pocas ganas de irme, y la verdad es que no hubiera importado quedarme allí unos días, si hubiera habido alojamiento claro.


FOTO: La vida tradicional se mezcla con las antenas de television.


FOTO: Los dayak tocaban un minigamelan y las mujeres bailaron alrededor de los cochinos.

El viaje de vuelta a Tengarong lo hice por tierra, pues mis compis de Tanjung Issuy amablemente me acercaron en todoterreno hasta la siguiente ciudad que iban a visitar con lo de las vacunas y desde allí, tras esperar un par de horas viendo pasar Toyotas que iban completos pude coger un autobús y volver a Tengarong, donde compré billete de avión para Tarakan ante la imposibilidad de hacer el viaje por tierra-río en los días que me quedaban de visado.

Así que al día siguiente me acerqué de nuevo a Samarinda, donde cogí un taxi colectivo (por el cinco por ciento del precio que me habían ofrecido en un principio, es que si no se regatea duro acaba uno haciendo lo que el taxista quiere y por el precio que quiere) con dirección a Balikpapan, donde tras matar el tiempo en internet llegué al aeropuerto. A Tarakan llegué de noche, pero no me fue difícil encontrar alojamiento al lado del puerto donde al día siguiente el barco rápido Indomayan salía hacia Malasia. De esta ciudad, situada en un islita junto a Borneo, tan sólo pude ver la vida nocturna del puerto, animada por merineros y soldados norteamericanos que empleaban su tiempo con las guapísimas prostitutas indonesias. Así ejercen su poder los yanquis.

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9 Marzo 2006

DOMINGO GORDO EN TANAH TORAJA

Así pues el sábado de carnaval llegué a Makassar, capital meridional de Sulawesi, que nosotros llamamos Célebes en castellano. Llegué de noche y no pude alojarme en el hotel de mochileros que venía en la guía de viaje, por lo que me alojé en el hotel de enfrente, abarrotado de gente local. A la mañana siguiente pude comprobar que no era un barrio muy seguro, menos mal que no se me ocurrió salir a dar una vuelta, si ya causé una pequeña revolución en el hotel al que llegué imaginaros lo vulnerable que hubiera resultado paseando solo por la gran ciudad. El paseo me lo di a la mañana siguiente, soportando estóicamente las altas temperaturas, aunque no había nada especialmente interesante, pues no pude dar con el museo. Se supone que aquí tenía que tener una hora por detrás de Bali, de donde había salido, pero al llegar pude comprobar extrañamente que mi reloj marcaba la hora correcta, no así el del ciber y tuve que abandonarlo precipitadamente para llegar a tiempo de check-out al hotel, donde me presenté con una hora de adelanto. Mis posteriores pesquisas indican que llevo la hora correcta, pero no está de más preguntar siempre que cambio de isla.

Así que tras pasarme diez horitas en un autobús llegué a Rantepao, ya de noche, capital de las tierras altas de Tanah Torojah, donde habitan los singulares torajanos. He de decir que una vez vi un documental sobre ciertos funerales que hacía cierta gente, y a falta de papel me apunté en la cabeza el nombre de torajanos por si alguna vez tenía la oportunidad de venir. Ciertamente el nombre me ha venido a la mente en muchas ocasiones, fuera de contexto, y era incapaz de identificar la procedencia o relacionarno con nada. Sin embargo cuando hace un par de meses en Kuala Lumpur leí por primera vez acerca de los Torajanos recordé de repente dicho documental, en el que se mostraban rituales de enterramiento que recuerdan ciertos ritos del Peropalo. Comentó mi padre que ha sido profe muchos años y guarda numerosos documentales que usaba con fines pedagógicos que probablemente lo tenga grabado, así que es probable que pueda enseñaros lo que viví estos días.

He de decir que nada más llegar tuve un asalto por parte de algunos guías turísticos que luego motivó mi discusión con ellos al día siguiente, aunque les había dejado claro que estaba muy cansado y todo lo hablado tenía que ser revisado al día siguiente. Los tipos me habían planeado una gira con coche alquilado y dos guías nada menos por 140 euros… eso me alertó y aunque regateé duro necesitaba sus servicios para poder acudir al funeral que se celebraba el lunes de carnaval. Me dijeron que había tenido mucha suerte, pues los funerales, que se hacen un año o más después de la muerte de la persona, se suelen hacer en lo que para nosotros es verano, junio, julio agosto, luego me enteré que por razones prácticas nada que ver con la religión (porque hay más gente con vacaciones en esas fechas, para ser más concretos). Yo sabía que no era suerte, que el Peropalo me había hecho salir volando de Sumba para poder llegar aquí a tiempo… algunos infieles no os lo creereis, imbuidos como estáis de idolatría, pero así es. Así que esa noche estuve llamando por teléfono a buen número de veratos y arrimaos antes de que su estado de embriaguez impidera cualquier atisvo de conversación telefónica, pues debían estar empezando las cañas de antes de poner la Aguja. Tan sólo acerté a dejar un mensaje a Paco el violinero de Santana, Albacete, que ya es un habitual de esos rituales.
El domingo por la mañana lo empleé a mis labores, o sea, dormir, lavar, tocar la guitarrilla y escribir. A las doce me avisaron que se había presentado mi guía, les dije que yo había quedado a la una después de comer y al rato me fui a dar una vuelta por esa pintoresca ciudad. La arquitectura de la zona es muy característica por la presencia de lo que llaman tongkonan, un edificio construido siguiendo las normas de lo que ellos denominan la “vieja religión”, un culto precristiano actualmente prohibido por su práctica de caza de cabezas, y que identifica el este con la vida (el sol naciente), el oeste con la muerte (poniente) el norte con las divinidades y el sur con la humanidad. Estas casas están orientadas de norte a sur de forma que trazan una frontera entre la vida y la muerte.


FOTO: unos cuantos tongkanes

A la vuelta resulta que el guía con el que había quedado, Markus, no estaba y en su lugar venía otro mucho más macarra, Paul. En seguida le comuniquñe mi indisposición por los altos precios, pero el tipo me había contratado una comida y arrendado una moto, sin que yo se lo hubiera mandando. Tras anular sus servicios, no sin discutir un buen rato, me fui a dar una vuelta en moto por la provincia. Por cierto que luego me enteré que la pelea de gallos a la que me querían haber llevado fue interrumpida por la policía, a pesar de que se habían pagado los sobornos.


FOTO: Solo lo hago en mi moto

Visité primero Lemo, uno del os lugares de enterramiento donde se exigen los tau tau, que son efigies de los muertos que se colocan a la entrada de la cueva donde se entierran, supongo que conservaran parte del espíritu de los mismos. Luego empecé a sentirme muy contento y estuve dándome una vuelta muy grande por una de las comarcas mas bellas que he visitado nunca, con arrozales, cerros imponentes y muchos tongkonan. Para la hora en que el Peropalo se colocó en su sitio por primera vez, me llegó el eco del ea ea ea de las gentes de mi tierra. Curiosamente en vez de estar deprimido por estas fechas, como preveía desde que decidí volver en mayo, me he sentido muy feliz estos días, se ve que lo importante es que el Peropalo se haga, no estar presente.


FOTO: Unas tumbas en la roca en Lemo


FOTO: Tau taus para turistas

Por supuesto me perdí, luego pude comprobar cuan lejos había llegado en el mapa. Así que como casi todas las tardes desde que llegé a Indonesia empezó a llover, por lo que paré la moto y me refugié debajo de uno de estos tongkonanes. Para no aburrirme en el rato que esperaba de tormenta saquñe mi guitarrilla y me puse a cantar jotas, jotillas, rondas y rondeñas seguidas y seguidillas… con tan buen humor y salero que pronto unas muchachucas adolescentes se asomaron a la venta y la más atrevida cogió un paraguas y se arrimó. Tras hablar un rato se fue a llamar a la vecina que tampoco hablaba inglés pero que era así mi mismo muy simpática… imaginaros que vivís en un pueblo perdido en el que apenas hay unas cuantas casas y un día aparece un forastero con las pintas de Jesucristo, diciendo que se llama Jesús y se pone a cantar extrañas canciones exóticas en un idioma desconocido. Pues nada que en cuanto llegó la madre me invitaron a subir y a tomar el té con ellas, otra muchachuca más chica que cuidaba de cuatro o cinco niños niños pequeños. Así que me tomé el te y como no podíamos tener mucha conversación debido a mis bajos conocimientos de bahasa indonesia pues me dediqué la mayor parte del tiempo a cantar. Cuando se hizo de noche me despedí educadamente, pues no sabía los horarios de esta gente y cuando podía empezar a molestar, y a pesar de que la lluvia seguía cayendo con fuerza cogí la moto de nuevo y puse rumbo a Rantepao.


FOTO: tongkanes de esos que abundan por aca.

Después de cenar la comida que Paul me había encargado para el mediodía llegaron Paul y Markus y estuvimos discutiendo más de media hora. Paul había sustituido a Markus porque decía que estaba malo, pero en realidad creo que le había obligado a ello o que Markus no quería ir a la pelea de gallos. Todavía ignoro si mi hicieron el juego del poli bueno y el poli malo, pues Paul me había hablado de ir de putas con los beneficios de la pelea de gallos y Markus hablaba de sus hijos, pero pude ver que algo no funcionaba. Paul le exigía a Markus que le pagara el día que había perdido, es decir, el medio día que anulé sus servicios por ser abusivos y no querer rebajar el precio. Al final acabaron discutiendo entre ellos, pero no lograron ablandarme y me negué a abonarles el día perdido por varias razones, precio abusivo 15 euros, sólo medio día, pedirme 8 euros por la moto cuando el precio estandar en toda indonesia es cinco el día completo, no me quedaba efectivo y no podía arriesgarme a una crisis de metálico como la de Sumba. Les dije que discutieran sus cosas en su casa y una vez Paul se hubo marchado acordé con Markus la ruta del siguiente día. Markus me intentó sacar el dinero que debía pagarle a Paul, pero el beneficio que iba a sacar le daba suficiente margen como para pagarle. En realidad parecía que Markus le tenía miedo de verdad, aunque nunca sabré si en realidad me estaba haciendo el truqui del poli bueno y el poli malo.


FOTO: detalle de las portadas de un tongkan

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9 Marzo 2006

LUNES DE CARNAVAL EN UN FUNERAL

Si ya sé que cuando se mata al bicho es el martes, pero en estos lares el funeral de la señora en cuestión se celebraba en lunes, y no iba yo a poner pegas. Así que lo primerito que hicimos ese lunes fue alquilar una moto, y ya tuve el primer regateo. El tipo sin decirle nada había llenado el depósito, cuatro litros, y quería que se los pagara a precio con comisión. Evidentemente lo que hice fue devolverle la moto con el depósito lleno a precio de gasolinera y habiendo gastado tan sólo un par de litros, tal y como yo esperaba.

Después, conduciendo yo, pues Markus se negó a ello, probablemente por no estar asegurados, nos encaminamos al mercado de ganado, donde había que pagar un tiket por ser turista. El mercado tampoco tenía nada del otro mundo, tan solo kerbaus, los búfalos mansitos de por acá y decenas de cochinos atados de pies y manos, por lo que protesté un poco por tener que pagar el ticket pero tampoco era muy caro.

Luego nos dirigimos hacia el lugar donde iba a tener lugar la ceremonia, donde había bastante gente ultimando los preparativos. Se trataba del funeral de una señora mayor, que había muerto hacía ya catorce meses, y al ser la última superviviente de su generación se había decidido hacer el funeral en febrero, cuando suelen hacerse en lo que es nuestro verano por coincidir también con sus vacaciones.


FOTO: preparativos

Para hacer tiempo e irme introduciendo en las costumbres funerarias de los torojanos Markus me llevó a una cueva cercana que se usaba a modo de cementerio. El, a pesar de declarse no supersticioso, prefirió no entrar en la cueva, llena de ataules huesos y calaveras, como la cueva de la Serrana de la Vera, decía que tenía malos sueños.


FOTO: no es broma lo de los huesos y calaveras

El caso es que unos japoneses que entraron sin alquilar las lámparas se perdieron dentro de la cueva y estuvieron dos días dentro.


FOTO: Alli que me zampe por unos bujerillos tan chiquininos que tuve que ir a gatas un rato.

Después volvimos al lugar donde se desarrollaba la ceremonia, que es el mismo para todos los funerales, según parece. Ya habían empezado a llegar casi todos los parientes, la mayoría de ellos con un cochino atado de pies y manos como regalo para la familia, aunque los más pudientes llevaban un kerbau. Dado que la gente se había instalado en unas chozas construidas especialmente para este evento, en los callejones que había detrás se apilaban los cochinos atados de pies y manos, emitiendo su característico sonido lastimero de vez en cuando, ya sabéis, gritando como un cochino. Por supuesto, la gente no hacía el menor caso a los gritos de los animales, puesto que no eran contemplados como seres vivos, sino como comida que había costado mucho dinero y esfuerzo conseguir. A lo largo del día fueron matando alguno de los animales para alimentar a la numerosa gente que asistía al encuentro. Tan sólo pude ver como sacrificaban un ternero, de un tajo de machete limpio en la garganta, tras desangrarlo, lo despedazaron y en menos de media hora ya se lo habían jincao. .


FOTO: habia camareras que proveian a los comensales de te, cafe, dulces y luego arroz y chicha.

Durante todo este rato, el curilla local, pues, por supuesto, se trataba de una ceremonia católica, hacía uso a diestro y siniestro del micrófono y disponía lo que iban a hacer, que si rezar un poco, que si cantar canciones cristianas (es decir, algo extraño con soniquete remotamente gospel). Todo el mundo estaba esperando la procesión, que podría equiparse sin duda con el paseo de las anguilillas con el cuerpo descabezado del Peropalo. En dicha procesión los primeros en situarse eran los kerbaus, cada uno con un mozo de cuadras contratado por la familia que se encargaba de que el animal no estuviera descontrolado durante todo el día. Después iban el gong con los estandárteres y finalmente el ataul con el cuerpo embalsamado de la difunta, que hasta entonces había permanecido en casa de alguno de los hijos. El ataul iba situado sobre unas angarillas hechas con bambú, y los muchachotes que lo llevaban iban compitiendo entre sí, los familiares de la difunta contra los de su marido. No sé pa que lado apretarían los hijos y nietos de ambos, aunque el nieto que conocí iba filmando el evento y no se mezclaba con los parientes pobres. Así que al grito de ea ea ea, (no confundir con los ea ea de Villanueva, por favor, la cadencia aquí era mucho más lenta, propia de apretones).


FOTO: la susodicha procesion

Desgraciadamente luego comprobé que el sonido estaba desconectado de la camara de video, por lo que tengo las imágenes pero no los espectaculares sonidos. Después del ataul iba el tau tau de la difunta (la imagen de madera de la misma), aunque no hizo todo el trayecto. A la vuelta los muchachos estaban cansutos y se parecía más a los apretones de la corrida de las elecciones (otro evento peropalero), gritando de vez en cuando,,, satu, dua tiiiiga… uno, dos y tres, para poder avanzar otro cacho. Después iban las mujeres de la familia debajo de una tela roja cuyo simbolismo no recuerdo (para detalles antropológicos ya os pasaré un video de mi wili sobre estos funerales)


FOTO: tau tau de la vieja

Después de la procesión se situó el ataul en una choza que presidía todo el evento y un coro torajana estuvo haciendo sonidos mágicos, entonando todos a la vez, auuu auuu auuu, auuu, creando un sonido por treinta gargantas perfectamente afinadas no podía sino recordarme los orígenes mágicos del cante, dado el efecto que produce sobre el espíritu.

Por la tarde tuvo lugar en un campo de padi (arroz) abandonado la lucha de kerbaus, algo decepcionante pues estos mansos animalitos salían corriendo en cuando veían al otro un poco agresivo. Salían corriendo y se llevaban todo lo que tenían por delante, público incluido por supuesto, por lo que había que estar atento, ya que me sitié en primera fila, pues como español sentía que tenía que demostrar que no tenía miedo a los toros. Curioso supongo, no me gustan los toros, ni soy nacionalista español y me sale la vena torera cuando estoy a quince mil kilómetros de casa… Pero no penséis mal, mi interés radicaba tan sólo en poder filmar algo interesante y no traté en ningún momento de recortarlos. De todos modos los kerbaus son mansos como ellos solos.


FOTO: los muchachucos de los apretenos se suben sin problemas a los mansos kerbaus.

Los dos o tres días siguientes las hijas los dedicaban a recorrer los pueblos vecinos atendiendo a los invitados y al último día procedía a depositar el ataud en la cueva. Pero no en la parte inferior donde había estado yo, sino arriba, en algún lugar inaccesible para que el oro de la caja estuviera a salvo, ignoro por cuanto tiempo. La forma de llevarse a la muerta es espectacular, parecida a lo que vi en Sumba, es decir, mucha algarabía y apretones para asustar el espíritu de la vieja y que abandonara este mundo para convertirse en lluvia. Y eso fue todo lo que ví, pues al día siguiente elegí proseguir mi viaje hacia Filipinas, atravesando Poso, la única región de este país que en la página del Ministerio consideraban como altamente peligrosa, pero que ahora estaba en calma. Dos días de doce horas de autobús cada, en los que pude comprobar la habilidad y pericia de los conductores por las sinuosas carreteras y en el que pasé algún momento de apuro al llegar a marearme, cosa rara en un tipo criado entre Arenas y Villanueva, con curvas similares. Alguna viejecilla local lo pasó peor que yo, la verdad, pues no llegué a vomitar, cosa que no eché de menos entres mis compañeros de viaje. Así que me planté en Palu, en el oeste, y ante lo increíblemente barato de las tarifas, desde allí volé a Balikpapan, en Kalimantan, la región indonesia de la isla de Borneo, donde empleé varios días acercándome a la cultura dayak de la zona.

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4 Marzo 2006

PASANDO CALAMIDADES Y FESTIVAL PASOLA

Nada más llegar a Sumba se iluminó el piloto de la falta de efectivo en metálico, tenía todavía para varios días pero había que reponer pasta en un cajero urgentemente. Desgraciadamente, a pesar de haber tres cajeros en Waikabubak, ninguno de ellos aceptaba visa y lo peor es que nada parecía presagiar que en Waingapu, mi próximo destino, la ciudad más importante de la isla y puerto por le que quería ir a Flores, hubiera posibilidad de sacar dinero. Afortunadamente tenía algo de reserva, pero hubo que empezar a recortar lujos, empezando por cambiarme de habitación, de una de cinco euros a una de tres, con el consiguiente bajón en confort pero sobre todo higiene, pues en el antro al que me mude no tenía ventilación, luz, apenas espacio y el baño dejaba mucho que desear.

Tampoco había acceso a internet en la ciudad, al igual que en Waingapu. Así pues, a pesar de tener algo todavía en la reserva no podía arriesgarme a agotar el dinero y luego que en Waingapu me quedara completamente colgado. Así pues hubo que poner en marcha un plan de emergencia y contar con ayuda exterior procedente de Arenas de San Pedro. A pesar de algunos problemas con la clave del envío, finalmente recibí el dinerillo que me habría de sacar de la isla,, pero hube de sacrificar un paseo en moto por la misma a mi libre albedrío a la espera de solucionar por fin.

Así que el martes por la mañana me pude dirigir por fin a Lamboya, creo que en el norte de la isla, porque el sentido de la orientación en el hemisferio sur se ve afectado por el cambio de perspectiva del astro rey. Así pues, por estos lares, el sol sale igualmente por el este, más bien, también llamamos este al lugar por el que sale el sol, lo que pasa que evoluciona por el norte de manera rapidísima, de modo que a las diez de la mañana está tan alto como en las Españas puede estar en Julio a la una del medio día. Esto confunde pues instintivamente tendemos a identificar con el sur el lugar de donde procede la luz, y aquí es a la inversa. Por cierto que las peores horas de calor son precisamente entre las diez y las doce, cuando el sol no ha alcanzado su punto más alto y te pega en la cara. Luego, al situarse en la vertical golpea con menos fuerza si llevas protegida la cabeza, cosa que suelo hacer, y aunque se cuela por el cuello de la camiseta hasta la cintura no golpea tanto como a otras horas.

El caso es que cuando llegué a Lamboya, en moto, tras pasar por un paisaje de colinas verdes, campos de pady (arroz) y kampungs situados en lugares inversosímiles, me encontré con que la ceremonia del Pasola ya estaba en marcha. Me contaron que la noche anterior se habían reunido en la playa esperando la luna y habían practicado pasola en la arena. Es una pena porque me hubiera gustado comprobar el ambiente festivo, con música tradicional, chiringuitos que no estoy seguro que hubiera. En la pradera en la que me encontraba, había como única instalación tres o cuatro chiringuitos de comida y refrescos, nada de alcohol a pesar de no ser musulmanes. Y que es el pasola, os preguntareis, pues nada más y nada menos que una batalla entre jinetes de dos pueblos vecinos y rivales que se enfrentan lanzándose venablos sin punta pero con malas intenciones y escasa puntería, todo hay que decirlo
Resulta que entre las dos primeras lunas del año, como los carnavales fíjate, en los que el ritual trata de equilibrar las esferas superiores de los cielos y las inferiores de las aguas con la sangre de los combatientes.

Lo que sorprende cuando llegas es la tremenda agresividad de los jinetes, unos cien por cada bando, pues galopan hacia la linea enemiga apuntando con su lanza y retirándose de la forma más honrosa posible cuando quedan expuestos al contraataque rival. Hay que decir además que no tienen la menor preocupación por el numeroso público que se reúne en torno al campo de batalla, por lo que en su galopar a veces se desvían fuera del campo, y los venablos acuden prestos detrás. Yo por supuesto me situé en primera fila, con los muchachucos más atrevidos, justo en la mitad del fuego cruzado. Cuando alguno especialmente se venía hacia nosotros los muchachucos erróneamente salían huyendo despaboridos, exponiéndose a ser arrollados por los caballos y a llevarse algún lanzazo al no mirar por donde venían los disparos. Así que yo me quedaba, pues sé tratar con caballos desbocados y prefería tener a la vista en todo momento las lanzas que llovían a mi alrededor. Gracias a ello pude ver cómo la batalla se estableció también entre la gente del público, que empezó a lanzarse piedras, de las gordas, no creáis que eran chicas, y tocó salir por patas esta vez, aunque sin dejar de mirar atrás para no recibir una pedrada en el cabezo. Idéntico final que aquellas reuniones para jugar a la pelota amistosamente en las que se enfrentaba las muchachadas de Villanueva y Valverde…

Con la batalla de piedras se puso fin al pasola, aunque no tengo claro quien ganó, o si realmente ganó alguien, pues el caso es que los que estaban a mi derecha habían avanzado bastante y habían hecho retroceder a los de mi izquierda, pero el ataque era en cuña y por los bordes, del extremo opuesto y el mío, habían sido reconquistados por los del otro pueblo. Probablemente el juego no tenga ganadores claros y lo importante sean las exhibiciones de valor necesarias para que el equilibrio vuelva a reestablecerse. Después me estuve bañando en la playa cercana y volví a Waikabubak con un motorista que me iba a llevar a un kampung y no lo hizo y que me invitó a cenar en su casa y no se presentó a recogerme.

Al día siguiente, tras cancelar un intento de tipo de una bemo con dos avispados que me querían comprar cuarenta pavos por ir hata Waigapu, pillé un autobús y me encaminé hacia esta ciudad, en el este de la isla. Y aquí sería donde acabara mi camino hacia el este, que hasta entonces tenía programado hasta Flores y posiblemente Timor. Sin embargo el servicio entre Ende, en Flores y Waingapu se había suspendido y el próximo barco Pelni en salir también se había cancelado, por lo que no tenía salida por barco desde el principal puerto de Sumba. Me acordé que en Australia había visto en el singular periódico gratuito MX que se había hundido un barco más o menos por estas islas, por lo que deduje que había sido este. Pensé en la angustia que habría pasado la gente pues la gran mayoría no sabe nadar.

Sin embargo mi mayor angustia en los dos días que pasé en Waingapu no venía de tener que decir si volver a Waikelo, el puerto occidental para pillar otro barco que me llevara a Sumbawa para ir desde allí a Flores o si volar hacia Kupang, en Timor o Dempasar, en Bali. Mi mayor angustia vino de que en el viaje me pude percatar de un hecho extraño, me picaba los mosquitos a horas del día en los que no funcionan, y en partes del cuerpo cubiertas por ropa. Así que al llegar me examiné bien las extremidades y pude reconocer que unas pequeñas ronchas que había localizado en Lombok salían caminillos y se había extendido por el muslo izquierdo, la mano derecha, el antebrazo izquierdo y los dos piés. Pude observar estupefacto que se trataba del mismo ácaro que me había atacado hace siete años y que al tratar infructuosamente como alergia tardé en poner remedio, convirtiendo mi vida en un infierno y contagiando a la vez. Si, se trataba de sarna, enfermedad molesta donde las haya, pues los picores no dejan dormir y pone la mente en un estado de paranoia constante que rápidamente hizo presa en mí. Afortunadamente había descubierto la infección, al ver por primera vez esos perros sarnosos en Sri Lanka me di cuenta del peligro que corría, y podía ponerla remedio. Acudí a un médico, que hablaba inglés pero no sabía lo que era la mange, nombre inglés de esta enfermedad. Se empeñó en mandarme pastillas contra los picores a pesar de que yo insistía en que me recetara un insecticida cutáneo pues en la farmacia no me querían atender sin receta. Así que me compré un diccionario de indonesio inglés y le enseñé lo que era. No se lo creía el tío, decía que eso era una enfermedad de perros, no de personas, pues parece que aquí la gente se inmuniza en la infancia contra esto. Le dije que la gripe aviar era también una enfermedad de animales pero no logré que me recetara nada. Así que volví a la farmacia y con el diccionario les expliqué mi problema, enseñándoles la pierna, donde había señalado con un boli todas las ronchas (me pica el cuerpo de recordarlo). Me quisieron dar corticoides y fungicida, pero al final al ver logré que me dieran un insecticida, una loción antipiojos de la que me llevé dos botes esa tarde y dos más al día siguiente al comprobar la efectividad.

En el hotel, tras ducharme con el cazo de la pila de agua que tienen por baño, me froté bien todo el cuerpo del cuello para abajo, especialmente en algunos sitios donde había localizado que el bicho había puesto sus huevos. Esa noche, como había sospechado, no dormí nada bien, pero al menos, en vez de arrascarme me untaba de la loción en la zona afectada. A lo largo del día siguiente, me iba dando regularmente con el segundo bote en los sitios donde me seguía picando a la vez que fui pasando por agua hervida toda mi ropa, toallas, zapatillas y sábanas. Por la noche me tomé las pastillas del doctor, pues recordé que las cicatrices, a pesar de haberse muerto el bicho, seguían picando unos días y al día siguiente estaba todavía en cuarentena pero ya sin picores. Por la mañana cogí un avión para Bali y por la tarde otro para Makassar en Célebes y me dispuse a pasar los carnavales en otra de las zonas antropológicamente más interesantes de Indonesia, Tanah Toraja.

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27 Febrero 2006

DIAS EN WAIKABUBAK, ISLA DE SUMBA

Como dije en otro post, llegue a Waikabubak por la mañana. Hubo una pequeña confusión con mi amigo Akmar, pues yo entendí que me quería llevar a su casa y cuando llegamos a la tienda donde arreglaban televisores se para dentro y paso un poco de mi, luego vi que en la trastienda tenian un camastro y allí era donde iba a vivir el tiempo que estuviera por allí. Así que me despedí de el y le dije al motorista que me había traído que me llevara a un hotel baratito, todo esto en bahasa indonesia, por supuesto, pues esta gente de inglés nada. El chaval me dio una ruta que te cagas de larga, pues al dia siguiente pude comprobar que había tan solo un par de cientos de metros desde donde estaba la tienda de Akbar, pero ha mi me llevo diez minutos por callejuelas de estas que gastan aquí. El se empeñó en venir por la tarde para darme otro garbeo y a final quedó la cosa en que bueno vale. Cuando llego la hora estaba lloviendo que te cagas y al llegar la verdad es que no me apetecía, pero estaba tan ilusionado el muchacho que acepté. El era un jevilato con el pelo largo y una rasta colgando, igual que yo, y lleva siempre chupa de vaquera y camisetas negras de Iron Maiden, Orbituary o algún otro grupo jevilongo mas moderno que yo ya no conozco. Cuando cerré la puerta para cambiarme y esconder el odenador el se marchó, pensando que le daba plantón. Esto pa que veais lo que da sí mi nivel de indonesio, no mucho en realidad. Menos mal que allí estaba tío Papi para traducirme y ejercer de guía, aunque sospecho que Papi es algo así como colega, pues se me presentó con otro nombre, pero todos me llaman Papi, y así era.


FOTO: Aqui le teneis, cantando canciones de misa todo el tiempo.

Este Papi era un tipo curioso, cincuenton, seco como una tarama, que se colaba en mi habitación cada vez que podía. Allí localizó mi guitarrilla y se enamoró de ella, de hecho se la llevó a su casa al día siguiente. Con Papi quedé para que me llevara a ver alguno de los kampungs locales y a una ceremonia. Por la mañana, tras cambiarme a otra habitación más barata aunque menos higiénica, fui con el a uno de los kampungs donde vivía su tío. En teoría kampung significa pueblo, aunque en Sumba se utiliza para referirse a los poblados tradicionales, es decir, todos los pueblos menos las ciudades. En Waikabubak había varios kampung de estos encima de los cerros, con sus tejados característicos de Sumba dominando la ciudad. Al llegar donde el tío de Papi, le invité a unos cigarros que previamente había comprado a precio irrisorio el paquete, aunque no es tabaco muy bueno. Luego me invitaron a entrar en el interior y estuve cantándoles un rato, aunque Papi también cantó lo suyo canciones cristianas con soniquete gospel que agotarían a cualquiera. Después fuimos a visitar a la familia y les pregunté acerca de dormir allí parece que conseguí un precio muy barato, aunque les dije que lo pensaría y que mañana ya vería. Menos mal porque vi un perro sarnoso, uno de los pocos que he visto en indonesia, dentro de la casa, y la dueña le regañaba sin protección alguna. Parece ser que los humanos aquí están inmunizados contra este parásito y no tienen problema en que se les acerque un perro sarnoso, aunque no sé por que no les desparasitan, con todo el tiempo libre que tienen y lo poco que vale el zotal. Por cierto, que cuando en la guía vi que dentro del menú entra el denjing, perro, y la tikkus, rata, pensé en probarlo… pero al ver estas cosas he preferido incluso comer pollo algún día, a sabiendas de que al gripe aviar está azotando este país duramente. Ya lo dijo Shiva,no solo de arroz viven las personas…


FOTO: Un kampung de Waiklabubak

Bueno, el caso es que ese día fui a comer a casa del susodicho Papi, si es que se puede llamar así al cacho cuadra donde vivía. Caí en la cuenta de que estaba soltero, y que a lo mejor los tocamientos de huevos que me hacía cuando me abrazaba no eran una expresión cultural inocente sino una propuesta homosexual… el caso es que tenía un camastro sin colchon, la ropa metida en una caja de cartón, y el sueño lleno de cacahivaches. La cocina un garage lleno de trastos… me recordó a algunos ranchos de solterones de allá mi tierra verata, aunque este tipo se lleva la palma de desastre. Nos comimos un arroz con huevo y noodels precocinados y nos fuimos andandito a las afueras del pueblo para ver la ceremonia. Antes de llegar al sitio me explicó que el se quedaba con su familia en ujna casa cercana y que iba yo solo con su primo en la moto, pues empezaba ya a llover, como todas las tardes.


FOTO: una de las calles mas normalitas de Waikabubak

He de confesar que me esperaba una ceremonia estúpida para turistas, pero nada más llegar supe que se trataba de un entierro. Había un montón de gente bajo una carpa un unos quince hombres partiendo la carne de dos o tres toroso que acababan de matar. Al ver mi desconcierto al dejarme el motorista allí abandonado me indicaron que fuera hacia el interior, donde estaba el cuerpo presente. En seguida salió la viuda, a la que entregé los cuatro kilos de azucar y el te que me había dicho Papi que la llevara. Ella me ofreció el por mi temido betel, en una bolsa. Les pregunté si tenía que comerlo a las señoras que estaban junto al cadáver, un tipo de unos cincuenta años con bigote, al que me negué a hacer fotos aunque la viuda me dijo varias veces que las echara, pues estaba orgullosa de la mortaja, símbolo de la fortuna familiar. Al echar mano a la nuez de betel cogí un fruto, y para sorpresa de todas las señoras le di un bocado… era todo fibra, verde, inmasticable. Todas se echaron a reir al instante, luego supe que ese fruto se usa para limpiarse los dientes después del betel, pues se quedan colorados colorados y toda la gente que he visto enganchada al betel además de tener los dientes y los labios rojos presenta una marcada ausencia de dentadura achacable a tan extraño vicio que aquí cumple una función social muy importante. La viuda, Idupan, al ver mi apuro se salió conmigo a las sillas de fuera y entre ella y tres de sus amigas me estuvieron enseñando el ritual (todo en indonesio, por supuesto, aunque con algo de dialecto local también, bahasa sumba) .

El rito de la nuez de betel consiste en introducirse en la boca uno de los cachos cortado en rodaja de dicha nuez, que es prima hermana de la nuez moscada, aunque no sabe igual es igual de fuerte. Luego se unta una especie de pepino en lo que creo que es sal, pero puede ser bicarbonato, pues sé que algunas drogas como la hoja de coca, o la marihuana ingerida, necesitan mezclarse con algún mineral para que hagan efecto. El caso es que no pica, como me temía, pero es fortísimo y sabe a rallos. El rito consiste en que el pepinillo ese suelta mogollón de líguido que sí que pica, pero que se escupe, saliendo un líquido rojo del contacto con el betel. Esa saliva roja simboliza sangre compartida que retorna a la tierra al ser escupida. En Sumba no puedes ir a ningún pueblo o dormir en casa de nadie sin realizar antes este ritual de amistad. Cuando me indicaron que escupiera traté de hacerlo al estilo srilankés, como si estuviera matando un bicho, y se me salieron numerosos trozos de betel en el escurriajo, para mayor jolgorio de todo el corro de señoras donde era yo la máxima atracción del momento. La forma aquí es bastante más elegante, por lo menos en el ritual, dejando caer la saliva por su propio peso hacia el suelo lleno de barro.

Afortunadamente luego me ofrecieron un te y pude quitarme el mal sabor de boca. Algún tipo de sustancia psicoactiva debe tener eso porque se me quedó la boca un poco dormida. Lo malo es que luego me tuve que apretar otra nuez de esas y no había ya mas te para mi.

Otra parte del ritual era intercambiarse los teléfonos y direcciones, como una muestra de amistad en la que se explica quien eres y como localizarte. Ella me dio su número de móvil y apunto la dirección del pueblo mía. Luego la reclamaron otras obligaciones y se disculpó amablemente dejándome una bolsa de carne y una de sus amigas encargadas de que no me la olvidara. Luego decidí probar suerte con los hombres y me cambié de lugar, invitando a tabaco a unos cuantos viejos que pasaron un poco de mí.


FOTO: una de las tumbas megaliticas de los Sumba.

Al rato, sacaron unas angarillas de bambú, donde colocaron el cuerpo del difunto. Luego envolvieron el sudario con telas del lugar. De repente, empezaron a tocar los platillos del pequeño grupo de gamelan (música de percusión tradicional de indonesia) y los mozos cogieron las angarillas y echaron a correr. Me acordé de un reportaje que había visto sobre los entierros de los torojanos en Sulawesi (Célebes) y que luego describiré, en los que esta parte consiste en espantar al espíritu del muerto para que no se quede con los vivos y se transforme en agua vivificadora. La verdad es que en un santiamén los perdí de vista. En cuanto salieron, las señoras de dentro, mis amigas, empezaron a llorar de verdad, no como plañideras, y mi amiga Idupán mostraba un gran dolor mientras las otras la consolaba. Durante un día o dos había tenido que fingir estar contenta para que el espíritu de su marido se fuera tranquilo y ahora podía expresar el dolor contenido. Me quedó helado el corazón. Cuando me disponía a salir una señora me indicó que debía coger la carne y volví a por ella. En el camino una de las niñas amigas mías volvía también para su pueblo y me acompañó un rato.


FOTO: se puede ver la gente troceand la chicha... desgraciadamente el evento no fue nada fotogenico.

Luego me encaminé a la casa de la familia de Papi donde me prepararon la carne con arroz. Pensé que iban a hacer carne para todos, pues les ofrecí pero solo Papi y un primo suyo comieron, los demás se contentaban con escuchar mis consabidas jotas, rondeñas, seguidillas y alboradas. Después volvimos para el hotel, pero le regalé la carne a Papi ante la imposiblidad de congelarla o cocinarla, pues no me apetecía volver a la cocina de este individuo. El me dijo que estaba loco pero que bueno, y luego rebajó considerablemtne el precio de su jornal, de diez euros a tres, por lo que a mi me convino el trato.


FOTO: a la salida del entierro le eche una foto a esta muchachada


FOTO: la jalan principal

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27 Febrero 2006

UN PASEO POR LAS ISLAS DE NUSA TENGARA

El domingo por la mañana salí de Yogya en el primer tren de por la mañana, llegando justo en el último minuto sin tener tiempo siquiera para comprar el billete, las buenas costumbres es mejor no perderlas. Tras seis horitas de viaje llegué a Surabaya, la segunda ciudad de Indonesia, con cuatro millones de habitantes. Allí cogí un taxi que me llevara a la oficina de Pelni para ver que tiempo tenía para emplear en Java antes de que saliera el próximo barco para Flores. Los taxistas, eran un duo la mar de divertido que entre risas me hicieron hacer lo que ellos querían. Por cierto que al enterarse de que era español fueron más allá del mero Real Madrid, o Barselona que suelen decirme todos, y me cantaron una versión de “Béchame, béchame muucho”, y otra de “que sera sera” que parece que suelen cantar los mariachis locales. El caso es que me llevaron a una agencia de viaje y tras un largo y divertido regateo decidí ir en autobús hacia Flores, pero, para no hacer el viaje en tres días, pensé que sería mejor parar en Lombok, la isla inmediamente al este de Bali. Así que después de practicar un poco de mi Bahasa Indonesia en el puesto de la calle donde comí me monté en el autobús, donde pasé la tarde atravesando Java y la noche atravesando Bali. Por cierto que en al autobús no había extranjeros, en parte por ser un medio aunque barato lento, por ser temporada baja y en parte porque desde los últimos atentados en Bali el turismo en esta parte del mundo ha decaído bastante. La gente con la que he hablado, lejos de apoyar la revolución islámica se queja de que está arruinando su negocio, cosa sobre todo patente en Bali, donde son de religión hindu dominados por el imperialismo de Java, de donde procedían los terroristas musulmanes.

La verdad es que me ha dado mucha pena saltarme Sumatra, Java y Bali, tres sitios famosos por sus bellezas naturales pero tan excesivamente poblados por locales y turistas, por lo que opté por ir poco a poco hacia las islas de Nusa Nengara, al este de Java. También he decidido no pasar por Borneo, una isla también famosa por sus encantos naturales pero cuyos precios se disparan, por lo que me sale mejor visitar las islas pequeñas. Además las culturas indígenas no son tan agresivas como los tristemente famosos cazadores de cabezas de Borneo. Así pues mis destinos principales serían Sumba, pues esta es la época del Pasola, el festival aniumista de renovación del mundo espiritual y luego Flores, cuya bellaza natural y antropológica también es legendaria, no en vano en Flores han convivido dos especies de Homo hasta fechas tan recientes como el siglo dieciocho, si atendemos a las leyendas locales sobre los Ebu Gogo, esto es, el Homo Florisiensis o Hobbits.


FOTO: arrozales de Lombok

En Lombok decidí no quedarme en las instalaciones turísticas de Sengigi y las islas Gili, y encarar la Garung Rinjani, de 3726 metros desde el sur, aunque preferí no subir. De los varios volcanes chulos para subir en Indonesia, el Garung Bromo en el Mar de Arena en Java, el Garung Ajung en Bali, el Garung Rinjani de Lombock o el Garung Kelimutu, me decidí por éste último, que aunque cuenta con tan sólo 1620 su lago de tres colores promete ser espectacular. Todos ellos son centro de peregrinación de las gentes del lugar, que los considera en su cultura ecléctica entre animismo, islam, hinduismo y budismo como la morada de los dioses, o cuando menos de las fuerzas de la tierra, pues todavía rugen de vez en cuando. Así que en Lombok me quedé al pie de la montaña, en un pueblecito llamado Tetebatu, donde hay varias instalaciones para turistas, ahora vacías, por supuesto. Por cierto, que también había secaderos de tabaco, pero no como los de la Vera, sino que eran para tabaco rubio, y, según me explicó mi anfritión San, hacían fuego durante varios días para que secara. Claro que flipó cuando le expliqué como andaba de tecnificado la recolección del tabaco rubio en Extremadura.


FOTO: Aqui abundan los sitios donde pararse a cantar un rato ante el asombro de las gentes del lugar

El primer día lo empleé mayormente en sestear y descansar en el hermoso jardín donde me encontraba. Al día siguiente, alquilé una moto y por la mañana visité una de las cascadas del lugar y por la tarde en vagabundear por los pueblos cercanos, de cultura sasak, buscando un centro de internet, que finalmente encontré a 20 kilómetros. Por cierto que en esta ciudad me sucedió una de esas cosas que uno no acaba de entender de la gente de aquí. El tipo que me indicó dónde estaba internet se empeñó en que fuera con él al día siguiente a la escuela a hablar inglés con los alumnos. Para ser profe de ingles poco bien hablaba el idioma pensé, pero le hice saber que dado que vivía en Tetebatu tendría que ir a recogerme. Pues el tío se tiró las dos horas que estuve en el ciber esperándome para llevarme a casa de su hermano, con el que hablé cinco minutos, pues era de noche y tenía que devolver la moto. Por cierto, había llegado al lugar un americano que resultó ser un tipo curioso, bajista de profesión curraba cuatro meses al año, dando bolos y grabando con artistas y el resto del tiempo se dedicaba a viajar por países baratos, como Centroamérica o Indonesia…. Curioso modo de vida, me apunto (en cierto modo este año estoy haciendo eso mismo).


FOTO. la susodicha cascada

Así que al día siguiente salí por la mañana rumbo al este dispuesto a hacer la mayor parte posible del camino a Sumba, aunque me paré tras tan solo seis horas de viaje en Sumbawa, la ciudad occidental. El caso es que si seguía hasta Bima o Sape llegaría muy tarde esa noche, aunque como después pude comprobar, no había nada interesante en esta ciudad (tampoco en las otras) más allá que el usual trato cordial con los habitantes de la zona. En el ciber no hubo forma de acceder a Internet, pues tenían el servidor averiado, así que aquí se interrumpió mi última comunicación telemática. Dado que en esta ciudad no hay turistas, el clásico Aló Mister (termino en bahasa indonesia para designar con respeto a un occidenta) se volvió más pesado aún, y tuve un pequeño incidente con un ciclotaxista, que se empeñó en llevarme a la piscina cuando iba al hotel, a apenas unos cientos de metros y me agarró fuertemente del brazo. Recordé la ausencia de tabús con respecto al contacto físico que existe en estos países pero no pude evitar alterarme y ponerme nervioso, aunque sin llegar a estar agresivo y al llegar al hotel ya estaba de nuevo tranquilo. No sería la última vez que tanto empalago me altere, pues molesta especialmente cuando ofrecen servicios que no has solicitado. Es lo que menos me gusta de estos países, nunca te darán la oportunidad de sentir que pasas desapercibido, como ocurre en Europa, sino que la visión de vida comunitaria te ve siempre como un forastero y tienes que ir explicando todo el rato con lenguaje no verbal que tus intenciones son amistosas.

Por la mañana había quedado con el motorista que bajo la lluvia (que quede claro que febrero es todavía estación de lluvia y suele llover todas las tardes, lo cual refresca el ambiente), en que me iba a venir a recoger a las 8 y media para llegar a coger el autobús de las 9 que iba a Sape. Pues sabéis a que hora se presentó el tipo… a las seis y veinte minutos de la mañana. Yo por la noche había estado ininiándome en los secretos del Civilitation IV, juego de estrategia que compré en Singapur y me había acostado sobre las doce, por lo que me pilló todavía en la cama, como es de suponer. El caso es que parece ser que la provincia de Nusa Tengara, las islas orientales a Bali por las que estoy, tienen la hora de Singapur, es decir, una más que la de Java, aunque todas mis experiencias al respecto de la hora en Indonesia han sido confusas. En Yakarta le prengunté a un tipo si mi reloj iba bien, pues el de la estación iba una hora por detrás y me dijo que sí, pero se ve que el individuo en cuestión sólo había mirado los minutos, pues el tren salió a la hora prevista por el susodicho reloj de la estación. En Yogya me confirmaron que la hora con respecto a Singapur cambiaba. Al salir de Bali para Mekasar,en Sulawesi (Célebes en los mapas portugueses) se suponía que la hora cambiaba. En este caso el avión salió a su hora, pero al llegar a Mekasar la hora seguía siendo la misma que marcaba mi reloj. En el ciber al dia siguiente el reloj marcaba la hora adelantada, y me fui corriendo para dejar el hotel a tiempo, pero resulta que el reloj del hotel seguía mi misma franja horaria y los autobuses salían también a mi hora, aunque todo el mundo me dijera que la hora con Bali iba restrasada.

Bueno el caso es que me monté en el autobús y a las ocho y pico, cuando se llenó un poco más salimos hacia Bima, a pesar de que me habían dicho que salía a las nueve: Jam sembilan… El camino de diez horas, se hizo algo largo como era de esperar, pues el autobús paraba en todos los pueblos, que son en realidad bastante pocos pues esto ya no está tan superpoblado como Java o Bali y tan sólo paramos dos o tres veces. Las casas se iban haciendo cada vez más tradicionales según íbamos avanzando hacia el este, y pude comprombar no sin sorpresa que siguen exactamente el mismo modelo que los indios embera de Colombia. Es decir, casas de madera, con la planta baja diáfana donde se guarda el ganado. Luego en Sumba las casas tenían además un característico tejado con dos pendientes de aguas, pero eso será en el próximo capítulo. El viaje se amenizó con un pinchazo que nos permitió estirar las piernas en los escasos diez minutillos que tardaron en repararlo los tres o cuatro autobuseros que venían en el cacharro.


FOTO: El autobus pincho... observese el detalle de la postura nacional de descanso, a la que se acostumbran al utilizarla en el excusado

Al llegar a Bima tras regatear un poco con todo el mundo me apunté en una bemo (fregoneta taxi) para ir hasta Sape, donde me habían asegurado que esa misma noche partía un barco dirección Waikelo, en Sumba. Había tenido suerte pues sólo hay dos barcos semanales aunque tuve que exigir al tipo que salieramos tras tres cuartos de hora de espera ante la posibilidad de perder el barco, ante regocijo de los demás compañeros de viaje, que se alegraron de no esperar a más pasajeros. De todos modos tenía previsto en el caso de tener que esperar un día o dos visitar la famosa isla de Comodo, donde habita el singular dragón de dicho nombre, el lagarto más grande del mundo, pues llegan a ser de dos o tres metros. Si hubiera venido alguno del pueblo seguro que a lo mejor hubiéramos tratado de zamparnos uno, pero la visita a esa pequeña isla situada entre Flores y Sumbawa estaba sobrepreciada y no había grupos de turistas a los que unirme, por ser temporada baja. En cambio formé grupo con Akbar, un electricista de Bima que iba a Waikabubak, en Sumba, a currar. Me adoptó como compañero de viaje, a pesar de no hablar ni una palabra de inglés y tener que entendernos con mi escaso bahasa indonesia, que sigue prosperando. Akbar me invitó a una botella de agua en el puerto y, una vez en Waikelo, donde llegamos poco antes del amanecer, a un te con galletas. Después esperamos a que se despertara el autobusero que nos llevaría a Waikabubak en vez de coger uno de los sobrepreciados bemos. Por cierto, en el camino paramos a coger una cochina en la finca de un tipo y estuvo interesante ver como la subían hasta el techo del bus.


FOTO: Esto es una bemo, o fregotaxi... se puede ver el precario estado en el que viajan mis dos mochilas, cargadas de aparatos eletronicos e instrumentos musicales.

Al llegar a Waikabubak empezaron las calamidades… pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión….

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24 Febrero 2006

ENTRADA EN INDONESIA

Gracias a los beneficios conseguidos mediante mi actividad violinera en Sydney y a mi austera vida durante el viaje he conseguido fondos necesarios para hacer una escapadita por Indonesia (a costa de no derrochar viajando por Australia), país todavía golpeado por la crisis monetaria del sudeste asiático de hace diez años y que por tanto mantiene un nivel de precios que al cambio resultan increíblemente baratos. Estoy hablando de unos 20 dólares para hacerse los 1500 kilómetros de Singapur a Yakarta o comir y dormir en un día por menos de cinco euros, aunque a veces se da uno algún lujillo y se sale de la rutina de desayuno arroz con huevo y te, comida, arroz con pescado y te, y cena, arroz con verdura y te. Por cierto que tan buena dieta no te salva de algún dolor de barriga ocasional causado por los virus o amebas del agua sin tratar, presentes en lugares tan insospechados como ensaladas, o el hielo de los refrescos. Tras una semana aquí todavía no he padecido ninguna de las famosas diarreas que me aquejaban en Sri Lanka, teniendo especial cuidado con estas comidas, pues agua de grifo, como podréis comprender, nunca bebo. Es difícil pero se acostumbra uno a pedir el refresco sin hielo cuando es menester, o te para beber en los puestos insalubres de la calle, al fin y al cabo no deja de ser agua cocida,, o a dejar en el plato la parte de la ensalada considerada como peligrosa. Si ellos beben te tan a menudo por algo será, además de ser una fuente de vitaminas es una fuente segura de líquido. Así pues, una vez identificado el mango y alguna fruta tropical de las que me gusta devorar, y probablemente la leche, no he vuelto a tener problemas de barriga, y en el caso de tener alguna molestia menor, puedo usar un brebaje austriaco del que mi cuñadita me dio unas cuantas dosis, diez gotitas de karmol, y mano de santo, va callendo por los intestinos reparándolo todo a su paso.

Así pues, cargado con mi nuevo ordenador salí de Singapur el miércoles por la mañana, en un pequeño ferry rumbo a Batam, una isla a tan sólo cuarenta y cinco minutos de la ciudad y que es el puerto de entrada para Indonesia. Al llegar tuve que hacer un chanchullo para poder cambiar los dolares australianos que traía para poder pagar el visado para un mes que al módico de 25 dólares, hay que abonar a la entrada. Justo en el control de equipaje, supuestamente para evitar que se cuelen terroristas con explosivos o armas, el trabajador, algo revolucionario él me mostró su simpatía por la perilla que desde el día de mi cumpleaños me estoy dejando, como medidor del tiempo de viaje y que suelo afeitarme todos los años el miércoles de ceniza pero que este año dejeremos un poco más. Pues no en vano dice el cantar:

El año que no hubo otoño
ni invierno ni primavera
no juimos al Peropalo
ni tampoco al Guitarvera
(y ni una borrachera)

Dado que este es el cuarto verano que empalmo seguido se me puede aplicar... pues el primero transcurrió entre Marruecos y Villanueva, el segundo en Sri Lanka, el tercero en Australia y el cuarto en el Sudeste asiático. De hecho mi piel ha cogido tonos de bronceado que no tenía desde que siendo muchacho echaba el día en al agua (ahora en verano nos refrescamos a la sombra), aunque no llego a los niveles locales. En fin, que resulta que el tipo que controla la entrada de explosivos es un simpatizante de Al Qaeda y se jacta de ello en público...

Bueno pues en Batam tuve el primer golpe de suerte, nada más llegar pregunté por ferrys en dirección a Sulawesi (llamada Célebes por los portugueses) y me comentaron que había un ferry rumbo a Yakarta que estaba a punto de salir. Así que salí cagando leches hacia el puerto, es decir, me atravesé en taxi toda la isla y llegué justo a tiempo de salir. Y digo que fue un golpe de suerte porque estos ferrys son de una periocidad quincenal y de no haberle pillado hubiera tenido que ir por tierra, un viaje mucho más incomodo, pues en el ferry, en vez de tener asiento dispones de un colchón en el que puedes estirarte todo lo que quieras, y si no eres aprensivo con el equipaje, puedes moverte por todo el barco. Como advertí que todos mis compañeros de viaje, indonesios de Sumatra que viajaban hacia Java, se había percatado de mi presencia y la oficina de Pelni, la empresa nacional de rutas marítimas, estaba justo enfrente, nadie se atrevería a tocar mi equipaje. Además, es mejor no mostrarse excesivamente aprehensivo con el equipaje, para no levantar sospechas de que llevas algo de valor, en este caso el violín, la cámara de video y el ordenador, que en realidad son gangas tiradas de precio pero pueden levantar la codicia del que no tiene nada.

La experiencia de viajar en un ferry de larga duración en Indonesia, pues el viaje duró 26 horas, ha sido la verdad que bastante agradable e interesante. Dado que pasas tanto tiempo en el camarate común, pues viajaba en tercera clase, acabas conociendo a la gente, aunque pocos de ello hablaban inglés. Al final me hice amigo de Enran, Boni y Hilman, tres chavales procedentes de diferentes partes de Sumatra, con estudios, que viajaban a la capital para buscar trabajo. También mantuve conversaciones con más viajeros, puesto que la gente en Indonesia es realmente amigable y aprovecha cualquier oportunidad para entablar conversación y practicar inglés. Eso es una de las cosas que más me está gustando de este país, pues aunque por ser el país musulmán más importante del mundo se distorsiona la imagen que se tiene, la verdad es que es una sociedad bastante abierta, donde las mujeres van sin velo, conducen (aunque en menor proporción que ellos, pero no lo tienen prohibido) y existe un importante grado de mezcla con otras religiones, especialmente de la versión local del hinduismo que sigue predominando en Bali, pero que dota de contexto a Java, cuyas artes teatrales tradicionales se basan en la representación del Ramayana y otras historias tradicionales hindús. También hay islas, como Flores, donde casi la totalidad de la población es católica y otras como Sumba y las del este, donde la religión indígena de carácter animista es la preponderante. Así pues, se mantiene cierta interculturalidad a pesar de todos los conflictos étnicos que mantiene Indonesia; secesionismo en Aceh (resuelto con la mediación del Tsunami), en Papua, islas Molucas, en Timor (resuelto con la independencia de Timor Oriental en 2001 tras ser asesinada un tercio de su población por paramilitares del Timor Occidental) o los enfrentamientos entre población indígena de Borneo, los feroces cazadores de cabezas Dayak y los emigrantes de Matura, una pequeña isla al lado de Java (más bien el asesinato de éstos últimos a manos de aquellos en el 97), o los choques en Poso, Célebes, entre cristianos y musulmanes (actualmente única región considerada como peligrosa en la página del Ministerio de Asuntos Exteriores, ya os contaré).

Así que llegué al puerto de Yakarta y constaté que no era tan fácil conseguir de nuevo un ferry para Célebes o Flores, como era mi intención, y tenía que esperar unos días, cosa que no me apetecía hacer en una ciudad de 13 millones de habitantes, 20 si contamos las ciudades dormitorio. Por lo tanto cogí un tren nocturno hacia Yogyakarta, la antigua capital javanesa y actual centro cultural de Indonesia. En el tren, con sólo asientos en business class disponibles, pasé un frío que te cagas las patas abajo, a pesar de la manta que me dieron y que al llegar me solicitaron para evitar que haga como con las que voy cogiendo de los aviones. Y es que aprovechando que mis padres estaban en Sydney mandé con ellos de vuelta el saco de dormir, demasiado caluroso para estas latitudes y uso las mantas de los diversos aviones que tenido que coger para abrigarme en las horas de la mañana en las que refresca. De este modo llegué a las cinco de la mañana a Yogya, como es conocida esta ciudad del sur de Java, y tras esperar un ratillo a que amaneciera me acosté un rato aprovechando el calorcito que falta me hacía.


FOTO: unas amigas en el mercado de aves de Yogya, uno de los lugares mas peligrosos del mundo, debido a la gripe aviar, claro.

En Yogya, a pesar de viajar solo, me lo he pasado estupendamente. Yo ya conocía esta ciudad por se donde se hacen los cursos de bahasa indonesia de PBI, entidad con la que estuve tentado de venirme a colaborar y que finalmente rechacé ante la perspectiva de pasar primero tres meses aprendiendo el idioma. Ahora me arrepiento pues esta ciudad tiene un ambiente francamente encantador, con no sólo actuaciones de marionetas de madera y de sombras, danzas, y bandas tradicionales, sino también con muchísima vida cultural en la noche. Los jóvenes, no tan dotados de la capacidad de consumo de los europeso, se reunen en la calle principal a beber (si a beber, aquí los musulmanes se toman la religion de otra manera) y a tocar la guitarra, el ukelele y lo que sea. Particularmente buenos un grupo de punkis con un chelo viejo a modo de contrabajo...


FOTO: La famosa Jalan Maliboro de yogya

Así que los dos días que he pasado en la ciudad los he empleado paseando con la bici, admirando la tradición artística local; marionetas, bailes, palacios, pintura en tela (batik) muchas veces acompañado por algún cazaturistas que me dejaban en paz en cuanto comprendían que no iban a sacar una rupia de mí. Disfrutando de conversaciones con la gente local en los restaurantes retirados a los que no van turistas, que pueden comer por un euro en un restaurante de calidad en el barrio mochilero. Así que no os extrañe si algún día me vengo para acá a hacer el curso de bahasa indonesio porque merece la pena emplear unos meses en la ciudad y según dicen este es uno de los idiomas más fáciles de aprender del mundo, no existen tiempos verbales, el plural se hace repitiendo la palabra, al igual que en muchas otras lenguas del pacífico y ninguna complicación gramatical o fonética. Pues eso, que estaría saber un poco mejor el idioma para poder hablar con toda esa amable gente con la que me encuentro a menudo, y que me va enseñando a chapurrear algo… los números no tienen ya secretos para mi, aunque tengo que tener todavía cuidado al regatear no me líen, con los miles y las decenas (de miles).


FOTO: Las Wakang Kulit o marionetas de sombras.

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Holaa a todas... Soy Cthuchi Zamarra, de Villanueva de la Vera (Caceres) y este blog es para relatar algunas de mis vivencias. Al principio era un blog de viaje, pues estuve cinco meses por Asia y el Pacífico Ahora vivo en mi pueblo y me piden que relate a los de fuera lo que se cuece por acá... así que aquí veréis desde eventos de Villanueva, artículos antimilitaristas hasta fotos de mis siguientes viajes. Pincha en los tags y en las categorías para acceder a las partes que te interesen más de mi blog.

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