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La Coctelera

CUADERNO DE BITÁCORA

Memorias de las andanzas de Cthuchi Zamarra

Categoría: Malasia

24 Marzo 2006

DE MALASIA A FILIPINAS

De nuevo mi paso por Malasia ha sido breve, aunque he tenido la oportunidad de poder echar un vistazo a otra región del país. El estado de la confederación de Malasia del norte de Borneo, Sabah, es en realidad más parecido a Indonesia que a la Malasia peninsular pero aún así, es en muchos aspectos bastante distinta a su vecina. La primera diferencia es por supuesto la multietnicidad. Aquí vuelven a abundar la población china, si bien en Indonesia son la clase comercial y te los encuentras como propietarios de cientos de tiendas o restaurantes en lo que trabajan indonesios, en Malasia constituyen un porcentaje significativo de la población y su idioma tiene el rango de lengua oficial. Así que nada más llegar a Tawau pude apreciar cómo los indonesios se mezclaban con los malayos, no en vano su idioma es casi el mismo, avistaba con mucha más frecuencia carteles y población china y aparecían los indios, ausentes en indonesia. Es sorprendente cómo pueden tener la frontera del puerto tan desatendida, pues nadie controla si tienes o no el sello, sino que es más bien una preocupación del viajero para luego no tener problemas. Poco después en el trayecto de autobús entre Tawau y Sandakan los militares nos pararon dos veces para controlar nuestros pasaportes. Los oficiales se subían al autobús y comprobaban si llevábamos el sello malayo puesto. En Malasia además volvía a ver algunas tribus urbanas que no se ven en indonesia, los travestis (los jevis abundan en ambos países y punkis sólo he visto en Kuala Lumpur).

Desgraciadamente en una de estas pesquisas debí de perder la tarjeta de crédito, lo cual era peligroso por dos motivos, el que la encontrara podía tratar de usarla para comprar por intenet o hacer alguna otra transacción con poca seguridad y me quedaba sin el mejor método para conseguir dinero metálico así como avances de crédito con los que me pago este viajecito. Afortunadamente soy un tipo previsor y tenía otra tarjeta de crédito de reserva y gracias a internet pude anularla sin que nadie me desfalcara. Por otro golpe de fortuna la última vez que consulté mis cuentas y me dispuse a saldar el crédito el ciber iba demasiado lento por lo que no he perdido la posibilidad de endeudamiento.


FOTO: Esta son las pintas que me gasto, falda y camiseta batik de fabricacion una indonesia y otra malaya.

El caso es que ese mismo día por la noche llegué a Sandakan, ignorante de la combinación de avión o barco. Mi primera idea había sido tratar de ir por barco o avión a Palawan, en Filipinas, isla conocida por su belleza natural, pero no era posible desde Sandakan y nada me aseguraba que fuera posible desde Kota Kinabalu, de donde era sultán el famoso Sandokan. Así que tras hacer varias pesquisas pude comprobar que la mejor opción era coger un ferry a Zamboanga, en el extremo occidental de la problemática isla filipina de Mindanao y salpicada de lleno por el conflicto de las islas sulu y sede de las guerrilla independentista de Abu Sayaf . De hecho uno de los ferrys por los que pregunté se había hundido hace poco, luego me enteré que precisamente por un atentado de la guerrilla. Así que sabiendo que Filipinas se encontraba en estado de emergencia por un supuesto golpe de estado contra la presidenta Gloria Marapagal Arroyo (a causa del cual detienen a activistas de izquierda…) y me adentraba en zona de guerra me sentía algo inseguro, pero luego se demostró que no había razón para ello.

Ignorante de todo esto decidí aprovechar el día que tenía libre para visitar el centro de rehabilitación de orangutanes de Sepilok, a escasos kilómetros de Sandakan. En este centro introducen orangutanes nacidos en cautividad en su medio natural, y permite a los turistas contemplar a lo orangutanes en su medio natural a las horas de alimentación. Así que unos cien turistas pudimos contemplar como diez o doce orangutanes jovencillos recibían una dosis de plátanos y leche para completar su dieta. Nada demasiado espectacular pero que permite asomarte un poquito a la jungla, aunque por pasarelas de madera y verlos en su habitat, algo bastante más agradable que ver animales en el zoo.


FOTO: Por cierto que Orang en indonesio/malayo significa persona y Utan creo que salvaje, solo se que un cerdo (babi) utan es un jabali (al menos en Borneo)


FOTO: Eran chavalucos los que acudian a comer. Observese que debajo de la plataforma hay monos normales comiendose las sobras... siempre hay alguien mas pobre que tu que se come tus desperdicios.


FOTO: Curioso arrimarse a la jungla por un camino tan majo, nada de sanguijuelas como en Taman Negara, hace tres meses ya.


FOTO: Me pregunto quienes son mas animales.

Bastante más interesante me pareció no obstante el viaje en barco de Malasia a Filipinas, nada que ver con los siete viajes en barco que había realizado en Indonesia. El trayecto duraba casi un día y estaba lleno de filipinos que viven o trabajan en Malasia. Para empezar parece que el barco llegó algo tarde, pues cuando llegué al puerto estaba desembarcando gente y nos hicieron esperar a la puerta, donde se algolpaban taxistas, vendedores ambulantes. Consciente de los casi cuarenta kilos que llevo de equipaje (me río de las compañías aéreas que sólo dejan pasar veinte kilos…) me senté en el suelo y al cabo de hora y pico pudimos empezar a subir. El barco no era muy grande y era bastante viejo, no daré detalles de los servicios, puede haber gente sensible. Yo casi por el mismo precio me había pillado un camastro en la sala de aire acondicionado, con capacidad para unas doscientas personas pero en la que sólo viajábamos unos veinte, bien repartidos (esto hace pensar que a la gente probablemente tiene que hacer un esfuerzo económico grande para desplazarse, pues la diferencia era de tan sólo cuatro euros) . Desgraciadamente tuve la fortuna que una vez que hubieron revisado que cada uno estaba en su sitio un par de espabilaos se cambio de cama, es decir, se coló. Lo malo no fue que se pusieran a mi lado, sino que la señora nada más llegar empezó a vomitar en el suelo varias veces, y la muy cochina no lo limpió.

La cantina del barco, con su solicitado karaoke (igual que en Indonesia, aunque el repertorio ahora era americano) servía cerveza, con lo que siempre estaba llena de gente que se aburría y mataba el tiempo bebiendo así como de borrachos que beben y matan el tiempo aburriéndose. Sostuve varias conversaciones con algunos de los viajeros aunque varios de ellos me pidieron dinero, cosa inaudita en Indonesia. El par de horas que me pasé tocando la guitarra en cubierta despertó la atención de alguna gente, pues toman a todos los blancos por americanos y me sirvió para que no me tomaran por yanqui, aunque los que más atención mostraron como suele ser natural fueron los niños que vagabundeaban por el barco haciendo todas las gamberradas que podían, aunque me respetaron e incluso uno se quedó conmigo hasta que vinieron a llamarle para pegar a otro.

Al llegar a Zamboanga asistí a un espectáculo de esos que había visto en películas o había oído hablar, pero que no me imaginaba que siguiera ocurriendo. Al acercarnos al puerto vinieron a recibirnos varias canaos cargadas con hombres o mujeres en bañador y niños desnudos que se lanzaban al agua para pillar las monedas (e incluso billetes de cinco rupias indonesias, casi un euro, toda una fortuna en estos países) que lanzaba la gente.Todos los pasajeros nos agolpamos en cubierta para ver el espectáculo casi de circo. Uno de los jóvenes con los que había estado hablando antes me preguntó que opinaba, al ver mi cara de asombro supongo, y me transmitió su opinión… “they are very lazy”…. que se puede traducir como “son unos vagos”, aunque en verato diriamos algo asi como .. vaya unos bichos magantos!. Me pregunto si es lo que pensará en Filipinas toda la gente de la abundante clase media sobre la otra gente de la tambien abundante clase misérrima…


FOTO: Ahi los teneis, pescando monedas.

En Zamboanga pronto me instalé en un hotel cercano al aeropuerto, pues decidí no pararme mucho en este lugar, pues aunque estudio el conflicto político, mi verdadero objeto de estudio son los movimientos noviolentos, y era por tanto a Manila donde debería dirigirme. No fuera que me secuestraran o recibiera algun balazo por hacer el tonto...

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11 Enero 2006

Despidiendo el año en la selva

31 dediciembre 1 de enero.

Llegar al Taman Negara no me resultó tan fácil como había supuesto en un principio, pues se accede mediante vía fluvial tras tres horas de navegación en bote por el río Tembeling. El problema es que se necesita la luz del día para navegar, por lo que los botes hacen su última salida a las tres de la tarde. Yo, tras esperar una horita en un pueblito perdido para cambiar de autobús llegué a Tembelling a las tres y media, por lo que tuve que pasar la noche allí y salir al día siguiente, por la mañana.

Durante el viaje te vas preparando mentalmente para lo que vas a ver en la selva, pudiendo ver monos, búfalos, pescadores en los márgenes del río. Una vez allí, al lado del río, actuando a la vez como muelles y como cantinas, varios restaurantes flotantes aguardaban la llegada de turistas. El bote descargó a mis compañeros de viaje en el lado izquierdo, el lado donde se encuentran las instalaciones del Taman Negara, mientras que a mi me llevó al lado de los restaurantes, pues al no ser parte de un viaje organizado me tenía que buscarme la vida por mi cuenta en los numerosos hostales que había en la parte de atrás. Así que tras instalarme en una "guest house" bastante agradable, me dirigí al otro lado del río de nuevo, cruzándolo con un bote taxi. Allí dirigí mis pasos a la mayor atracción que tiene esta entrada del parque y lo que marca la diferencia con otros parques naturales: el camino colgante a cincuenta metros de altura por los árboles. Tras unos cuarenta minutos de introducción a los caminos de la selva llegué a las instalaciones donde se iniciaba este camino de quinientos metros. Una vez abonada la entrada y puesto en ruta, la primera sensación es de desquilibrio, ante el bamboleo y mucho miedo, que te hace agarrarte a los bordes. Aprovechando los parapetos que había en cada árbol para descansar la tensión y disfrutar realmente del trayecto el paseo se convierte en una experiencia realmente agradable que te llena de alegría.

FOTO: Paseando por la copa de los arboles

Después tras, hablar brevemente sobre la liga de futbol española con un guía que esperaba a sus turistas, me subí a un cerro grande y alargué la excursión a un total de cuatro horitas de caminata, por un terreno mágico realmente abrupto. Llegué por la noche cansadito a la habitación y bajé a cenar a los restaurantes flotantes del río. Después estuve tratando de comunicar con mi familia en australia, pues me llevaban tres horas, pero estaban viendo los fuegos artificiales de año nuevo en Sydney. Así que llamé a mi otro hermano en las Españas y me acosté tempranito, pues estaba rendido. Esa fue mi nochevieja, un poco austera, pero era necesario descansar para poder recibir el año con una caminata por la selva. Así que me levanté más o menos a la hora en que la mayoría de mis amigos se dedicaban a tragar uvas e ingerir cubatas, me crucé la selva en el taxi del río y puse rumbo hacia un destino adecuado para una ruta de un día.

Nada más abandonar la zona de acomodación de turistas me encontré con un tapir, un pequeño jabalí que hozaba tranquilamente hasta que vio que quería echarle una foto. Después seguí mi camino, y tras una horita caminando, entretenido con la flora y fauna que podía ver, me uní a un grupo de excursionistas que llevaba el mismo camino que yo. Así que formamos un grupo internacional compuesto por tres malayos, una japonesa, una pareja de holandeses y un verato partocho (yo) de las Españas. Afortunadamente los malayos habían estudiado biología y nos contaban muchas cosas de la selva, haciendo el trayecto realmente entretenido, además de imprimir un buen ritmo. Tras casi tres horas más caminando por la selva, en las que tuvimos ocasión de ver excrementos de elefante de tamaño considerable, como podréis imaginar, llegamos a un río que atravesamos vadeando no sin dificultad. Después otros quince minutillos caminando y llegamos otra vez al río, donde había un charco para bañarse junto a unas piedras que me recordaban las gargantas de mi tierra. Lo único que aquí había muuuucha más agua y esta, aunque pura, era de un color púrpura debido a las filtraciones, fenómeno que ya había visto en las Highlands de Escocia, donde la turba del brezo también tintaba el agua. Curiosamente sólo los extranjeros nos bañamos, pues sospecho que los locales no sabían nadar, ya que cuando en Tembeling Jetti esperando para embarcar pregunté si se podía uno bañar se sorprendieron mucho de que supiera nadar.

La vuelta se complicó un poco, transformándose la excursión en una verdadera aventura al hacer la aparición la lluvia. Hasta entonces las sanguijuelas me habían respetado bastante, centrándose en los compañeros más desprotegidos, pues mis botas impedían que treparan. Cuando el camino empezó a transformarse en barro los bichos pudieron alcanzar mis piernecitas doloridas y cuando no estaba atento, succionar mi preciosa sangre inflándose. Así que cada parada que hacíamos bajo la lluvia, asumiendo ya por completo el agua, nos dedicábamos a revisar las piernas, que invariablemente aparecían llenas de sanguijuelas. Para quitarlas simplemente había que tirar del cuerpo, nada de quemarlas como sale en las películas. Por cierto, que en estos parajes se rodó Depredator. Así que en torno a las siete de la tarde, justo antes de anochecer, llegamos de nuevo al campamento, aunque los holandeses habían hecho uso de su poderío económico pues había botes que hacían el recorrido hasta el vado y los turistas se evitaban la caminata.

FOTO: Nadando un poco en las aguas marrones de la selva.

Habíamos quedado para cenar en uno de los restaurantes. Haciendo gala de la puntualidad latina llegué quince minutos tarde y en ese tiempo ya se habían marchado, pues al día siguiente, de vuelta a la civilización volví junto a Kikú, la japonesa y me dijo que si que habían estado allí, por lo que a lo peor se equivocaron de restaurante.


La Jungla de Asfalto: 2-3 y 4 de Enero

A la mañana siguiente, dispuesto ya a retornar a Kuala Lumpur me encontré con que el tiempo seguía lluvioso y muchos de los restarantes muelles estaban inoperativos ante la crecida del río. Desgraciadamente la compañía que operaba mi billete de vuelta estaba cerrada y dado que no tenía metálico tuve que convencer de que me dejaran embarcar, no sin esfuerzo, claro. A mitad de camino y para sopresa de los viajeros el conductor se cambió de bote y retornó en uno que subía, llevándonos hacia abajo otro distinto, que recibió instrucciones acerca de mi persona que intrigó a los turistas que me acompañaban.

Una vez en Tembelling Jetti pude desayunar algo calentito y abrigarme un poco. Allí me encontré con Kikú, y juntos fuimos en un autobús de turistas hasta Kuala Lumpur, donde se despidió de mí, pues tenía ya ella una habitación reservada. Tras reservar una habitación interior en una calle ruidosa de comida rápida tuve que ir al aeropuerto a recojer el resto de mi equipaje. Así que después consideré que me había ganado un masaje de reflexología en los pies que ofrecían a precio bastante asequible en una de las calles principales cercanas a mi habitación.

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6 Enero 2006

Dando tumbos por Malasia

27, 28 y 29 de Diciembre de 2005

Tras tres horas escasas de vuelo y algunas menos de sueño, aterricé en Kuala Lumpur (pronúnciese Kualumpur) por la mañana. Pronto compré una guia de viaje que me será útil para otros muchos países de la zona y dejé la mochila grande en la consigna del aeropuerto. Poco después estaba ya en el Klay tren directo a la estración central de Kuala Lumpur. Allí me paré a tomar un té y a decidir la ruta que iba a seguir. Las zonas turísticas más importantes son las Cameron Highlands, zona de te, a juzgar por las fotos bastante parecido a lo que he visto en Nuwara Eliya, por lo que esa opción no me agrada en un principio demasiado. La otra opción era acercarme al famoso Taman Negara, el Parque Nacional, según la publicidad el bosque tropical más antiguo del mundo, aunque no creo que lo sea más que el corazón del Amazonas. Por supuesto elegí el camino de enmedio, pero para iniciarme en este país, decidí avanzar kilómetros y no detenerme en Kuala Lumpur más de lo estrictamente necesario. Así pues, salí de la estación, cogí el monorrail, tren hipermoderno que me llevó por la superficie hasta la estación de autobuses donde debía partir. Por el camino tuve ocasión de contemplar el símbolo de la ciudad, las Torres Petronas, dos torres gemelas unidas por un puente, bastante más altas y bonitas que las que cayeron en Nueva York.

Desde el mismo aeropuerto, la impresión que me daba el país era de absoluta modernidad, el aeropuerto con tren para desplazarte de terminal, carreteras buenas, higiene... Llegando de Sril Lanka ha sido como un retorno inesperado al Centro desde la periferia, y los viajes por el interior del país me lo han confirmado, aunque no todo es opulencia, lógicamente. La peor carretera que he visto por aquí es con mucho mejor que cualquier carretera de Sri Lanka, excepto el autovía de entrada a Colombo. En la isla eran todas como Oropesa-Madrigal, entre La Mancha y Extremadura. Tras cambiar de autobús en Temerloh, llegué a Jerantur, donde pille una habitación por el mism precio de las de Sri Lanka, solo que con aire condicionado, agua caliente y televisión, pequeños lujos que había olvidado que existían y que luego no pude encontrar a esos precios. Aproveché la tarde para descansar, pues calló una buena siesta que me alivió el “jet lag”.


FOTO: Mapa de Malasia con mi primera ruta

Malasia es un curioso país multiétnico en el que además de malayos viven muchos habitantes indígenas, indios tamiles y chinos. Parece que de momento no se llevan mal, pero tuvieron su guerrilla maoista apoyada por China hasta 1989.

Así que al día siguiente, el día de los tontos, me decidí finalmente por acercarme a Merapoh, en lo que en los mapas parecía estar el límite entre el Parque Nacional y el territorio de los Senoi, una tribu indígena de la Penínunsula de Malasia que me tiene enamorado. Los descubrí gracias al santo Google, poniendo Nonviolece Malaysia esperando encontrar movimientos sociales ante la falta de sección local de la IRG. Después he ido descubriendo muchas cosas sobre esta gente, dividida a su vez en dos tribus: los semiar y temiar. En un principio los que se caracterizan por no adoptar actitudes de ira, violencia y tal son los semiar, mientras que los temiar son conocidos por su costumbre de discutir todas las mañanas en asamblea los sueños que tienen por la noche. Los antropólogos han quedado fascinados por esta gente y hay bibliografía que espero conseguir en Australia. De momento puedo resumir que la educación en la noviolencia se basa en el concepto de boot, algo así como el derecho a decir no del niño (objeción de conciencia) como base para conformar actitudes pacíficas para solventar problemas. Esto en vez de crear niños mimados egocéntricos les hace imitar la actitud comprensiva de sus mayores, y aprenden por imitación, parece. Esta forma de educación me recordaba en cierto modo a la de los paeces en Colombia, famosos también por su noviolencia aunque en sentido político, quen consideran los niños a partir del destete a los tres años como adultos con capacidad para tomar sus propias decisiones.

Por otro lado de los senoi destaca su concepción de los sueños, conocida en psicología de hecho como teoría senoi de los sueños, y que es una de las terapias más efectivas de las que he tenido noticia (en su día probé unas cuantas). Lejos de considerar la realidad onírica como algo irrelevante o subjetivo, consideran los sueños como algo interrelacionado profundamente con la vida en comunidad y como una forma de enfrentarse a los sueños y anhelos que nos plantea el subsconsciente mediante los sueños. Así pues los niños cuentan todas las mañanas lo que han soñado a sus padres primero y tras recibir sus consejos que les enseñan a no tener miedo y superar obstáculos, lo expresan en la asamblea comunal. En fin, que tienen una cosmovisión sumamente interesante de la que podemos aprender mucho, pues no en vano son considerados como las personas más felices de la tierra, sin violencia, sin ansiedades, sin delincuencia, sin agobios ni tensiones.

Así que tenía que comprobar cuan de cierto hay en todas estas teorias probablente idealizadas. En Merapoh contraté un guía local un chavaluco de 17 años que desgraciadamente no hablaba casi inglés. Pero antes he de contar la forma curiosa que tuve de llegar a Merapoh. Resulta que en Kuala Lipis, ya no había más autobuses ese día y el tren se estaba retrasando demasiado. Un indio sij de esos de barba y turbante prieto, llamado Guiri, se ofreció a llevarme, pues tenía que llevar a su hijo que vive allí. Así que me llevo a su casa, donde recogimos al hijo, un amigo y un primo que se volvía con Guiri para que no fuera solo. En el camino me invitó a comer y me consiguió alojamiento en una guest house. También llamó a un amigo que me indicó que si quería ver a los senoi debía de ir a Batau (pronunciese batao), en dirección a las Cameron Highlands. Así que este tipo me consiguió tan desafortunadamente al guía que tras diez minutos de rodar por pistas entre plantaciones de caucho (se trajo aquí el arbol desde Manaos, en Brasil) llegué a una aldea, supuestamente de senoi. En seguida me di cuenta de los problemas que tendría para comunicarme. Se acercó un señor con una toalla como único atuendo y un tobillo sumamente hinchado, parecía ser el gran hombre del lugar. Tras hablar algo de noviolencia, educación, sueños y más términos complejos que mi guía fue capaz de comprender en inglés me dejaron pasear un poco por la aldea, de unas veinte casas. La población asustada e integrada por mi presencia, no me perdía de vista y un grupo de mujeres y niños me trataba de esquivar. Ante la imposibilidad de poder hablar con esta gente hice lo que se esperaba de mí en estas circunstancias, les di 50 ringis para que me dejaran echar fotos y me fui.

Así que me dirigí a la entrada al Taman Negara, todavía con mi guía, pero no me dejaron entrar pues necesitaba un guía del Parque y estaban todos en la selva, en excursiones largas. Tenía que reservar uno para poder entrar por este lugar, aunque para un tipo solo no sale nada rentable. Así que cogí el tren de las doce de vuelta a Kuala Lipis, el llamado Tren de la Jungla, que por puntualidad, lujo y suciedad si que podía calificar de tercermundista... El empleado de la estación me dijo que allí no había senois, sino Negritos, otra tribu del lugar, habitantes de la jungla, aunque había un pueblo de unas veinte casas que podría ser el que visité.


FOTO: Estación de ferrocarril y calle principal de Kuala Lipis

Así que en Kuala Lipis rápidamente el señor Guiri me localizó de nuevo y se ofreció a llevarme hasta Batao por un módico precio, aunque se trajo a su sobrino y a un amigo del que sospecho que era policía, aunque se me presentó como jefe de la estación de ferrocarril. Por el camino un amigo de Guiri nos invitó a la comida y él mismo se ausento unos minutos para visitar a otro amigo del pequeño pueblo (es decir, un nido de chiringuitos de carretera) en el que paramos. Al llegar a Batao pude ver que eso no tenía nada que ver con lo que había visto en Merapoh. Las casas estaban construídas de forma similar, de madera pero dejando un metro de distancia con el suelo para evitar insalubridad derivada de la humedad omnipresente. Puede ver algunos jóvenes, muy guapos ellos y ellas y especialmente cachas ellos. Luego nos encontramos con otro amigo de Guiri, al que íbamos buscando por ser el boss de Batao, pues era el jefe de la oficina del gobierno. Estuvieron mucho rato bromeando entre ellos y con los niños que inevitablemente se arremolinaban a curiosear. Luego me llevó a la oficina y pese a las continuas interferencias de Guiri me explicó que necesitaba un permiso especial del gobierno que me podían dar en una oficina de Kuala Lipis, que resulta que Guiri conocía y no me había dicho, sabiendo que estaba tratando de contactar con senois. Así pues empecé a hartarme un poco de Guiri, especialmente cuando de nuevo en Kuala Lipis el amigo ferroviario me dijo que se dedicaba a prestar dinero a la gente, razón por la cual andaba siempre de acá para allá. A los turistas normales podría resultarles muy útliles un tipo así, pero a mi me había bloqueado cualquier posible acceso a los senoi por mi cuenta, pues podía haber estado algún tiempo en Batao por mi cuenta y no tenía que haber pasado el bochorno que pasé en Merapoh. Así que rechacé su amable oferta de dormir en su casa y me instalé en un hotel, en la tele de la habitación me vi Matrix Revolution en inglés sin anuncios ni ná. Al día siguiente tras visitar la oficina de los Oran Asli, donde me dijeron que tenía que sacar el permiso en una dirección que me dieron en Kuala Lumpur. Así que tras algo de indecesión soportada gracias a internet (que me volvió a retrasar) puse rumbo hacia el río Tembeling y la entrada principal al Taman Negara, para pasar un par de días en la junga antes de ir a las antipodas.

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Holaa a todas... Soy Cthuchi Zamarra, de Villanueva de la Vera (Caceres) y este blog es para relatar algunas de mis vivencias. Al principio era un blog de viaje, pues estuve cinco meses por Asia y el Pacífico Ahora vivo en mi pueblo y me piden que relate a los de fuera lo que se cuece por acá... así que aquí veréis desde eventos de Villanueva, artículos antimilitaristas hasta fotos de mis siguientes viajes. Pincha en los tags y en las categorías para acceder a las partes que te interesen más de mi blog.

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