PEREGRINACION AL PICO DE ADAN
Nochebuena y Navidad 2005
A las cuatro de la tarde cogí un autobus intercity hasta Hatton, en el Hill Country o Tierras Altas, donde ya había estado de observador un mes atrás. No crean que intercity significa que no para, pues a pesar de que el autobús iba tan lleno que había gente que viajaba de pie, de vez en cuando recogíamos a algún viandante que hacía la oportuna seña al conductor. A mi me tocó un incómodo asiento pequeñito de pasillo, no quiere decir esto que estuviera junto al pasillo, sino que ocupaba el asiento desplegable que ocupa el espacio del pasillo. Llegamos a Hatton sobre las ocho, tras cuatro horitas largas de vagabundeo penoso por las carreteras lankesas aunque disfruntando del espléndido paisaje que ya conocía de la ascensión a las Tierras Altas. Allí tras comprar algunas provisiones que me salvaron la vida más adelante me monté en un autobus de los normales que llevaba a Dalhousi, la rampa de acceso al Pico de Adán.
Mi penitencia empezó en el camino pues empezé a notar un fuerte dolor de estómago que indicaba que mi amiga la diarrea venía a visitarme, como siempre en los momentos más inoportunos. Así aprovechando una paradiña de esas que hace el autobús sin saber bien a cuento de qué, parece que era la casa del revisor y este había bajado a por algo,le indiqué al conductor que tenía que ir al servicio. El avispadamente apagó las luces del autobús para evitar miradas indiscretas que no faltaron por parte de los curiosos que disfrutaron del espectáculo nada común de ver un occidental en cuclillas haciendo de vientre. De todos modos dada la urgencia de mis necesidades la operación duró poco tiempo, fue en Dalhousi donde me desahogué bien a gusto en un agujero letrina que llaman "toilet". Así que tras zamparme un arroz y una dosis de antiarréico empezé a las diez de la noche mi ascensión al llamado Pico de Adán.
He de decir que las primeras rampas no eran excesivamente duras, sin apenas necesidad de escalones. Aquí la molestia eran los grupos de adolescentes que celebraban la nochebuena como si fuesen los devotos cristianos devotos cristianos de la Marimorena (por si hay versiones que difieren en mi pueblo se canta:
"Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad
saca la bota María que me voy a emborrachar")
Pues eso, que los borrachos disfrutan mucho dando la murga a un extranjero que camina solo y se pusieron excesivamente empalagosos. Así que no me quedó más remedio que acelerar un poco el ritmo en estos primeros estadíos de la ascensión, sabiendo que no podrían seguir mi ritmo ligero. Los peregrinos en esta fase inicial se veían con menor frecuencia, tan sólo parejas de enamorados y grupos que rezaban plegaria de protección o encendían velas o incienso en los múltiples templos budistas que había. Para las once, tras una horita de ascensión, hice mi primera parada de descanso en uno de los muchos chiringuitos que se dan junto a los templos (eso parece que en todo el mundo es igual pues, como sabemos, hay una religión paralela que rinde culto al bar y sigue su estricto ritual cuando otros van al templo). Aquí me tomé un pepsi para espabilarme, pues me estaba entrando sueño, ya que esta es la hora a la que me acuesto todos los días. Después me dejé engañar por un monje budista y echando una retahila que espero fuera una oración de protección me ató un "hilo de San Buda" en la muñeca para que me salvara de posibles peligros si le pagaba un propina, claro.
En la segunda etapa ya los chiringuitos empezaban a escasear más y se veían más peregrinos que hacían la ascensión, en su mayoría grupos mixtos de adolescentes pero también familias, parejas y grupos de peregrinos. Lo más interesante fueron que durante el camino me untaron la frente de Sindhaleppa y las sienes de Vilum, dos medicamentos tradicionales de la medicina india, ayurveda, que son como viksvaporub aunque con efectos contra el dolor y la fiebre. Así que con los aromas no solo de los medicamentos, sino de los crematorios de incienso de los templos y los efectos estimulantes de la cafeína, subía uno bastante "amilanao", aunque era consciente de que era mejor subir con cuidado y a menudo refrenaba el paso para charlar con la gente que durante todo el camino se mostró muy amigable. Sobre las doce mas o menos, tras dos horillas de caminata, tuve que hacer una pausa larga en un alberque techado provisto a tal efecto para que mi corazón descansara un rato, pues iba ya revolucionado.
FOTO: El susodicho pico de Adan desde la parte de atras, por la que valientemente hube de bajar. Aunque la ascension la hice a oscuras.
A partir de esa segunda pausa y cruzar un puentecillo sobre una garganta la ascensión se volvió dura de verdad, siendo todo el rato ya escaleras. A partir de aquí las pausas se iban haciendo cada vez más frecuentes Dado que cada uno llevaba distintos ritmos de subida y hacía las pausas en diferentes momentos era normal encontrarse con la gente que hablaba inglés que te había saludado un rato antes mientras ellos descansan, siempre muy agradables y educados. En esta fase ya escaseaban también los garitos, dado que el sueño volvía a acechar me tomé un té en uno grande donde además de reponer agua descansé un rato largo. Ya se empezaba a notar la altura por la temperatura ambiente, pues aunque mientras se iba caminando se podía ir perfectamente en camiseta cuando se sentaba uno en los escalones de piedra o en los bancos de madera de los chiringuitos para descansar era necesario ponerse la camisa. También se notaba que el camino era mucho más empinado todavía, aunque se percibía todavía abundante vegentación al lado del camino, razón por la cual nunca se podía abandonar éste (me refiero a que es jungla lo que hay alrededor, aunque cuanto más altura mas bajos los árboles).
En uno de los claros allanados artificialmente que se podía ver todavía aproveché para mirar el cielo a ver como andaban las estrellas (al que no le guste el cielo que se salte este párrafo). La constelación que mejor se veía era Orión, con las Tres Marías, Rigel y Betelgeuse, brillando claramente en lo alto del cielo, es decir, en una posición completamente vertical. Tauro, con Aldebarán, las Pléyades, Geminis con Castor y Polux, Canis Mayor con Sirio, la estrella más brillante (por se una de las más próximas a la Tierra). Finalmente localicé la Osa Mayor rallando el horizonte y a través de ella la estrella polar en el horizonte mismo. Esto me indicó que en vez de estar atacando el pico por el norte como pensaba hasta ahora, lo estábamos haciendo por el noreste, cosa que pude comprobar en el mapa. Ya estaba en una situación altísima por lo que alimenté la esperanza de que tal vez al estar tan cerca del ecuador podía ver a la vez la Polar y la cruz del Sur. Sin embargo más abajo de Orión se veían constelaciones perfectamente definidas aunque desconocidas por completo para mí y el propio pico me impedía echar un vistazo hacia lo que podía ver allá. Una vez arriba, tras bajar un poco por el otro lado tan sólo pude ver un montón de constelaciones desconocidas que me recordaban cómo debían sentirse los Egipcios cuando bordearon África y dejaron de ver la Estrella Polar, que entonces era Vega y que en la vieja religión preindoeuropea era símbolo de lo inmutable, el centro de la espiral infinita al que iban tras la muerte.
La última fase de la ascensión era tan dura que las escaleras eran de cemento y había barandillas que sorprendentemente la gente no usaba para ayudarse a subir. Aquí era normal ver a chicas desfallecidas ocultando el rostro en los brazos del novio que la llevaba hacia arriba poco a poco. Dada mi experiencia subiendo de la plaza a la discoteca por la calle de Mayo, y sabiendo lo útiles que son las barandillas allí instaladas para ayudar a subir a ancianos y borrachos utilicé las mismas para no hacer fuerza con las piernas en la medida de los posible. Esto significó que a pesar de ser más inclinada esta parte se me hizo menos dura. Según llegaba a la cumbre había otra vez varios chiringuitos con música, a todo volumen, en la que en la radio sonaba alguna canción navideña. Lógicamente nadie bailaba, aunque esto me recordó que esta era mi nochebuena, y a esta hora la gente de las Españas estaría rindiendo culto a la juerga llenando la panza hasta límites para esta gente, en su mayoría peregrinos budistas, insospechados. He de decir no obstante que a pesar de los templos de varias religiones distintas, y demás parafernalia se notaba perfectamente que la mayoría de la gente venía porque es una experiencia realmente impresionante, que los curillas aprovechan para beneficio propio, claro. Justo llegando a la cumbre un grupo de musulmanes entonó su conocido "Alahu Akbar" y empezó a rezar mirando equivocadamente hacia el este, en vez de hacia el oeste, donde se encuentra La Meca, cosa que a mí, perfectamente orientado gracias a la polar, no dejó de hacerme gracia, aunque respeté su ilusión y no les dije nada. Una vez arribe le pregunté a uno si: tatalakalam arabía? para ver si podía practicar, aunque me comprendió me respondió en inglés diciéndome que no hablaba árabe porque era de Pakistán, y desde allí venía peregrinando.
Durante la última media hora de ascensión sincronicé mis pasos con los de una muchachita llamada Chandi, muy guapa y hermosa, que lamentablemente no hablaba inglés, y apenas pudimos conversar sobre lo cansados que estábamos, si era aquella luz el final de la escalera, o si avanzábamos otro ratito. Supimos que estábamos realmente llegando cuando empezamos a oír la campanada que los peregrinos hacen sonar, una vez por cada ascensión al Pico. Yo solo le zumbé una vez pero el que iba delante mío le dio veintiuna veces al badajo orgullosamente. Espero algún día poder dar al menos un segundo campanazo. En la había dos zonas, la sagrada y la profana. En la sagrada era la plataforma en la que había que descalzarse y descubrirse, también es donde había un altar budista con la supuesta huella de Buda tapada por un tapete y otro altar hinduista donde te untaban la frente. Arriba había algún valiente echado en el frío suelo, arropado con una fina sábana que actuaba de cortaviento, pues si bien en algunas partes del final de la ascensión el viento sacudía fuerte, en la cumbre llegaba por todos los lados a mucha mayor velocidad. Había dos zonas profanas comunicadas entre sí por un albergue lleno de gente desparramada que descansaba o trataba de dormir. En una de las zonas había un mirador, lleno de gente que también trataba de dormir, una oficina no sé si del gobierno o de los monjes, y las escaleras hacia Dalhousi, en el lado norte y a la carretera de Rathnapura en el lado sur. En la otra parte había un cremadero de incienso usado de calientamanos por los congelados peregrinos y los servicios, que hube de visitar dado que mi amiga diarréa se acordó de darme otro aviso. A pesar de que en la cumbre habría mas de doscientas o trescientas personas, número invariable a pesar de que toda la noche siguió llegando gente, no había colas para ir al baño, pues había unas veinte o trenta letrinas para cada sexo. Sorprendentemente había agua corriente con la que llenar el cubo para limpiar el agujero, por lo que estaban en buenas condiciones higiénicas. Consejo a esos que sólo podéis defecar en el sanitario de casa: nunca vayáis a la Periferia, antes llamada Tercer Mundo. Yo aproveché para cambiarme de camiseta, pues la traía completamente empapada de sudor, sobre todo en la espalda, donde llevaba la mochila.
FOTO: Los cremaderos de incienso esta vez algo mas vacios debido a que la gente estaba viendo el amanecer en el otro lado. Adviertase el paisaje que se empezaba a vislumbrar.
Mi problema entonces era que estaba muuuy cansado, que eran las dos de la mañana, y quedaban varias horas para el amanecer que había que tratar de pasar durmiendo, cosa que se manifestó imposible. Hice un primer intento alejado del bullicio de las campanadas y los peregrinos en la escalera de la carretera a Ratnapura, por no haber casi perigrinos que siguieran esta ruta, pues procede de las tierras bajas y son dos o tres horas más de ascensión en peores condiciones de instalaciones e iluminación (vamos, que se sube por una pista en la jungla, como puede comprobar a la bajada). Puede encontrar un sitio resguardado del viento donde instalarme tras defecar saliéndome audazmente del camino en un acto temerario que sólo pude hacer porque la escasa luz de la luna me impidió ver el barranco sobre el que estaba. No pude dormir aquí por que los escalones eran muy estrechos y altos, y tal vez porque todavía estaba bajo los efectos del té. Así que tras un rato descansando subí de nuevo hacia la cumbre. Arriba traté de hacerme un hueco en el lado de los lavabos, donde había unas escaleras sin presencia humana, pero demsiado estrecha. Después intenté en el mirador, lleno de gente pero donde pude encontrar un sitio. Aquí el problema era el frío, pues aunque utilizaba la mochila abierta como almohada y colchón el palestino apenas me daba para cubrir otras partes vulnerables, como el cuello, las cabeza o los riñones, por lo que tuve que ir rotándole. Pronto me di cuenta de que en estas condiciones era imposible dormir, pues me pondría enfermo al coger frío . Esa posibilidad sí que me aterraba pues no podría coger el vuelo para Malasia que tenía para la madrugada del día 27, por lo que hice lo que había visto hacer en la tele a la gente que iba a morir congelada, mantener la actividad. Decidí bajar de nuevo hasta uno de los chiringuitos, comer algo caliente y tomarme un té y hacer tiempo. Una vez hecho esto y entrado de nuevo en calor subí de nuevo hacia la cumbre, un cuarto de hora, más o menos. Esta vez había occidentales haciendo la subida y ya no era yo el foco de atención. Al llegar arriba vi que todavía era pronto y bajé un poco por el otro lado, donde me topé con un grupo grande de musulmanes que subía a todo trapo por el lado izquierdo de los dos caminos mientras repetían a coro una respuesta a la canción que desde el otro lado el mulá con la linterna les animaba. Desde luego esta gente se toma la religión en serio y vive experiencias intensas de comunión con la humanidad y la divinidad que pocos de los no religiosos podemos llegar a tener (menos mal que tenemos el Peropalo...). Para entonces ya empezaba a clarear y poder advertir el maravilloso paisaje de jungla, picos y barrancos que tenía al rededor, uno de los beneficios de hacer la subida de noche, el amanecer desde lo alto. Esperando al sol estaba todo el mundo en el mirador, y a mi ya me empezó a entrar algo de vértigo y trataba de no arrimarme demasiado a las barandillas. Una vez salió el sol pude ver el hermoso lago que hay en Dalhousi y las maravillas de las dos ascensiones... sin palabras. Yo estaba sin embargo inquieto, pues esperaba ansioso ver la famosa sombra proyectada en las nubes y nadie parecía prestar atención a ese detalle que se habría de ver en el lado opuesto al mirador.
FOTO: El fenomeno optico cuando ya se iba retirando.
He decir que para mi que la idea de que la huella sagrada, la Sri Pada, que según la tradición es una huella que puso sobre el pico Gautama Buda, Shiva o Adán al ser expulsado del paraíso, es una corrupción de la verdadera huella, que es la que deja la sombra del pico sobre las nubes poco después del amanecer. Esta sombra en vez de tener una figura fálica como la del propio pico, tiene la forma de un triángulo equilátero debida a la distorsión de la distancia, por lo que se ve es un triángulo perfecto dibujado en las nubes. El triángulo equilatero, por supuesto es una figura geométrica de alto significado místico, pues muchas son las trinidades que inundan las religiones: la Diosa Triple, y su corrupción en los sistemas patriarcales de las religiones indoeuropeas: ya sean Mitra, Shiva y Varuna; Zeus, Hades o Posidón; Jupiter, Plutón y Neptuno, Odin, Loki y Balder etc etc.., el trino budista formado por el clero, la divinidad y los creyentes etc. Así pues, este impresionante fenómeno óptico puede ser interpretado de muy diversas formas místicas, reflejando siempre la unión del cielo con la tierra al proyectarse ésta sobre las nubes. De hecho, si tu propia sombra daba al abismo se proyectaba también en la lejanas nubes, una curiosa forma de subir al cielo. Creo que el significado que los veddas, los habitantes indígenas de estas tierras, de religión animista darían a este extraño fenómeno sería más bien relativo a la huella que la tierra imprime en el cielo. De ahí que los budistas, que otorgan otros valores al cielo y la tierra, interpretaron como la huella de Buda y de ahí fuera interpretada por los hinduistas como la huella de Shiva o por los musulmanes por la huella de Adán.

FOTO: La sudodicha huella de la Diosa tierra en el Cielo... notese como tiene forma de triangulo equilatero perfecto y las tres capas de ropa que necesitaba para aguantar el frio.
El fenómeno duró a penas media hora, y se inició sobre las siete, las dos de la mañana hora española en la que mis paisanos ya estarían entregados a su culto a la bebida después de haber rendido culto a la comida. La bajada la hice por el lado de Ratnapura, por un solitario camino entre la selva, y fue toda una experiencia mística que ya relataré en otra ocasión.

marivi dijo
k cosa màs maravillosa, chico. Me apunto el destino para un posible viaje. Y vaya carita de cansuto que tienes pobre, con diarrea y to pa rriba. Pero inmejorable manera de ir terminando el año.
11 Febrero 2006 | 11:12 PM