ENTRADA EN INDONESIA
Gracias a los beneficios conseguidos mediante mi actividad violinera en Sydney y a mi austera vida durante el viaje he conseguido fondos necesarios para hacer una escapadita por Indonesia (a costa de no derrochar viajando por Australia), país todavía golpeado por la crisis monetaria del sudeste asiático de hace diez años y que por tanto mantiene un nivel de precios que al cambio resultan increíblemente baratos. Estoy hablando de unos 20 dólares para hacerse los 1500 kilómetros de Singapur a Yakarta o comir y dormir en un día por menos de cinco euros, aunque a veces se da uno algún lujillo y se sale de la rutina de desayuno arroz con huevo y te, comida, arroz con pescado y te, y cena, arroz con verdura y te. Por cierto que tan buena dieta no te salva de algún dolor de barriga ocasional causado por los virus o amebas del agua sin tratar, presentes en lugares tan insospechados como ensaladas, o el hielo de los refrescos. Tras una semana aquí todavía no he padecido ninguna de las famosas diarreas que me aquejaban en Sri Lanka, teniendo especial cuidado con estas comidas, pues agua de grifo, como podréis comprender, nunca bebo. Es difícil pero se acostumbra uno a pedir el refresco sin hielo cuando es menester, o te para beber en los puestos insalubres de la calle, al fin y al cabo no deja de ser agua cocida,, o a dejar en el plato la parte de la ensalada considerada como peligrosa. Si ellos beben te tan a menudo por algo será, además de ser una fuente de vitaminas es una fuente segura de líquido. Así pues, una vez identificado el mango y alguna fruta tropical de las que me gusta devorar, y probablemente la leche, no he vuelto a tener problemas de barriga, y en el caso de tener alguna molestia menor, puedo usar un brebaje austriaco del que mi cuñadita me dio unas cuantas dosis, diez gotitas de karmol, y mano de santo, va callendo por los intestinos reparándolo todo a su paso.
Así pues, cargado con mi nuevo ordenador salí de Singapur el miércoles por la mañana, en un pequeño ferry rumbo a Batam, una isla a tan sólo cuarenta y cinco minutos de la ciudad y que es el puerto de entrada para Indonesia. Al llegar tuve que hacer un chanchullo para poder cambiar los dolares australianos que traía para poder pagar el visado para un mes que al módico de 25 dólares, hay que abonar a la entrada. Justo en el control de equipaje, supuestamente para evitar que se cuelen terroristas con explosivos o armas, el trabajador, algo revolucionario él me mostró su simpatía por la perilla que desde el día de mi cumpleaños me estoy dejando, como medidor del tiempo de viaje y que suelo afeitarme todos los años el miércoles de ceniza pero que este año dejeremos un poco más. Pues no en vano dice el cantar:
El año que no hubo otoño
ni invierno ni primavera
no juimos al Peropalo
ni tampoco al Guitarvera
(y ni una borrachera)
Dado que este es el cuarto verano que empalmo seguido se me puede aplicar... pues el primero transcurrió entre Marruecos y Villanueva, el segundo en Sri Lanka, el tercero en Australia y el cuarto en el Sudeste asiático. De hecho mi piel ha cogido tonos de bronceado que no tenía desde que siendo muchacho echaba el día en al agua (ahora en verano nos refrescamos a la sombra), aunque no llego a los niveles locales. En fin, que resulta que el tipo que controla la entrada de explosivos es un simpatizante de Al Qaeda y se jacta de ello en público...
Bueno pues en Batam tuve el primer golpe de suerte, nada más llegar pregunté por ferrys en dirección a Sulawesi (llamada Célebes por los portugueses) y me comentaron que había un ferry rumbo a Yakarta que estaba a punto de salir. Así que salí cagando leches hacia el puerto, es decir, me atravesé en taxi toda la isla y llegué justo a tiempo de salir. Y digo que fue un golpe de suerte porque estos ferrys son de una periocidad quincenal y de no haberle pillado hubiera tenido que ir por tierra, un viaje mucho más incomodo, pues en el ferry, en vez de tener asiento dispones de un colchón en el que puedes estirarte todo lo que quieras, y si no eres aprensivo con el equipaje, puedes moverte por todo el barco. Como advertí que todos mis compañeros de viaje, indonesios de Sumatra que viajaban hacia Java, se había percatado de mi presencia y la oficina de Pelni, la empresa nacional de rutas marítimas, estaba justo enfrente, nadie se atrevería a tocar mi equipaje. Además, es mejor no mostrarse excesivamente aprehensivo con el equipaje, para no levantar sospechas de que llevas algo de valor, en este caso el violín, la cámara de video y el ordenador, que en realidad son gangas tiradas de precio pero pueden levantar la codicia del que no tiene nada.
La experiencia de viajar en un ferry de larga duración en Indonesia, pues el viaje duró 26 horas, ha sido la verdad que bastante agradable e interesante. Dado que pasas tanto tiempo en el camarate común, pues viajaba en tercera clase, acabas conociendo a la gente, aunque pocos de ello hablaban inglés. Al final me hice amigo de Enran, Boni y Hilman, tres chavales procedentes de diferentes partes de Sumatra, con estudios, que viajaban a la capital para buscar trabajo. También mantuve conversaciones con más viajeros, puesto que la gente en Indonesia es realmente amigable y aprovecha cualquier oportunidad para entablar conversación y practicar inglés. Eso es una de las cosas que más me está gustando de este país, pues aunque por ser el país musulmán más importante del mundo se distorsiona la imagen que se tiene, la verdad es que es una sociedad bastante abierta, donde las mujeres van sin velo, conducen (aunque en menor proporción que ellos, pero no lo tienen prohibido) y existe un importante grado de mezcla con otras religiones, especialmente de la versión local del hinduismo que sigue predominando en Bali, pero que dota de contexto a Java, cuyas artes teatrales tradicionales se basan en la representación del Ramayana y otras historias tradicionales hindús. También hay islas, como Flores, donde casi la totalidad de la población es católica y otras como Sumba y las del este, donde la religión indígena de carácter animista es la preponderante. Así pues, se mantiene cierta interculturalidad a pesar de todos los conflictos étnicos que mantiene Indonesia; secesionismo en Aceh (resuelto con la mediación del Tsunami), en Papua, islas Molucas, en Timor (resuelto con la independencia de Timor Oriental en 2001 tras ser asesinada un tercio de su población por paramilitares del Timor Occidental) o los enfrentamientos entre población indígena de Borneo, los feroces cazadores de cabezas Dayak y los emigrantes de Matura, una pequeña isla al lado de Java (más bien el asesinato de éstos últimos a manos de aquellos en el 97), o los choques en Poso, Célebes, entre cristianos y musulmanes (actualmente única región considerada como peligrosa en la página del Ministerio de Asuntos Exteriores, ya os contaré).
Así que llegué al puerto de Yakarta y constaté que no era tan fácil conseguir de nuevo un ferry para Célebes o Flores, como era mi intención, y tenía que esperar unos días, cosa que no me apetecía hacer en una ciudad de 13 millones de habitantes, 20 si contamos las ciudades dormitorio. Por lo tanto cogí un tren nocturno hacia Yogyakarta, la antigua capital javanesa y actual centro cultural de Indonesia. En el tren, con sólo asientos en business class disponibles, pasé un frío que te cagas las patas abajo, a pesar de la manta que me dieron y que al llegar me solicitaron para evitar que haga como con las que voy cogiendo de los aviones. Y es que aprovechando que mis padres estaban en Sydney mandé con ellos de vuelta el saco de dormir, demasiado caluroso para estas latitudes y uso las mantas de los diversos aviones que tenido que coger para abrigarme en las horas de la mañana en las que refresca. De este modo llegué a las cinco de la mañana a Yogya, como es conocida esta ciudad del sur de Java, y tras esperar un ratillo a que amaneciera me acosté un rato aprovechando el calorcito que falta me hacía.
FOTO: unas amigas en el mercado de aves de Yogya, uno de los lugares mas peligrosos del mundo, debido a la gripe aviar, claro.
En Yogya, a pesar de viajar solo, me lo he pasado estupendamente. Yo ya conocía esta ciudad por se donde se hacen los cursos de bahasa indonesia de PBI, entidad con la que estuve tentado de venirme a colaborar y que finalmente rechacé ante la perspectiva de pasar primero tres meses aprendiendo el idioma. Ahora me arrepiento pues esta ciudad tiene un ambiente francamente encantador, con no sólo actuaciones de marionetas de madera y de sombras, danzas, y bandas tradicionales, sino también con muchísima vida cultural en la noche. Los jóvenes, no tan dotados de la capacidad de consumo de los europeso, se reunen en la calle principal a beber (si a beber, aquí los musulmanes se toman la religion de otra manera) y a tocar la guitarra, el ukelele y lo que sea. Particularmente buenos un grupo de punkis con un chelo viejo a modo de contrabajo...
FOTO: La famosa Jalan Maliboro de yogya
Así que los dos días que he pasado en la ciudad los he empleado paseando con la bici, admirando la tradición artística local; marionetas, bailes, palacios, pintura en tela (batik) muchas veces acompañado por algún cazaturistas que me dejaban en paz en cuanto comprendían que no iban a sacar una rupia de mí. Disfrutando de conversaciones con la gente local en los restaurantes retirados a los que no van turistas, que pueden comer por un euro en un restaurante de calidad en el barrio mochilero. Así que no os extrañe si algún día me vengo para acá a hacer el curso de bahasa indonesio porque merece la pena emplear unos meses en la ciudad y según dicen este es uno de los idiomas más fáciles de aprender del mundo, no existen tiempos verbales, el plural se hace repitiendo la palabra, al igual que en muchas otras lenguas del pacífico y ninguna complicación gramatical o fonética. Pues eso, que estaría saber un poco mejor el idioma para poder hablar con toda esa amable gente con la que me encuentro a menudo, y que me va enseñando a chapurrear algo… los números no tienen ya secretos para mi, aunque tengo que tener todavía cuidado al regatear no me líen, con los miles y las decenas (de miles).
FOTO: Las Wakang Kulit o marionetas de sombras.
