La llegada
Llegué a Estambul el martes 23 de enero, el día del entierro de Dink, el periodista armenio que había sido asesinado por ultranacionalistas turcos poco antes. Ozgur y su padre me vinieron a recoger al aeropuerto, me dijeron que estaban muy cansados porque habían estado en el funeral, que se había convertido en una macromanifestación antinacionalista que había permitido descargar los ánimos por la situación política. La madre de Ozgur me "obligó" a cenar de nuevo, a pesar de que ya lo había hecho en el avión, aunque no me pude comunicar con ella. Al día siguiente fuimos a Taksim, el centro de Estambul, donde teníamos una reunión con Coskun, para lo cual tardamos casi dos horas en llegar. A mi me dejaron ese rato libre y me estuve recorriendo la calle Istiklal,una importante avenida peatonal de la zona centro. Después nos reunimos de nuevo y me llevó a casa de Evrim, una chica turca que trabaja en el Instituto Cervantes que es la que me ha alojado durante estos días. Evrin significa "evolución", pues sus padres son ateos. Allí me instalé, en un piso en pleno centro de Estambul.
Con mi amigo Ozgur...
Al día siguiente, jueves 25, me levanté a las seis de la mañana para ir al juicio de Halil Savda, que era en Corlu (pronúnciese Chorlu), una ciudad militarizada a unos 80 km al norte de Estambul, más cerca de la frontera griega. A las seis y media me dirigí al punto de encuentro, donde me estaba esperando Hilal, la cual acababa de llegar, junto con Fardá, otra objetora de conciencia de Esmirna, tras nueve horas de viaje. En total éramos unas ocho o nueve personas las que íbamos. En el microbús conocí a Betina, de Sevilla, donde formó en su momento parte de grupos de apoyo a insumisos. Ella vive en Estambul, y junto a Esperanza, otra chica sevillana que ha pertencido a Mujeres de Negro, ha sido compañera de piso de Mehmet Tarhan. Aunque no van asiduamente se las reuniones participan en el movimiento antimilitarista local.
Al llegar a Corlu fuimos al tribunal militar, donde nos esperaba la abogada, tras los pertinentes trámites entramos a la sala. En breve apareció Halil en chandal, escoltado por varios soldados. El juez soltó una retahíla de cinco minutos tras la cual el juicio se había acabado. Parece que se instruía una causa por desobediencia ya que Halil se había negado a hacerse un reconocimiento psiquiátrico que lo declarara loco y anulara el trasfondo político del asunto. Al anularse la posibilidad de considerarle loco, se instruyó una nueva vista sería para el 15 de marzo, por lo que no sabíamos si lo iban a dejar libre o no. Así que nos tocó hacer guardia a la puerta de una oficina militar, a la que llevaron tras una hora o dos a Halil. La abogada estaba comiendo y los chicos dormidos en el microbús, por lo que tan sólo estábamos unas cuatro personas cuando le trajeron. Después se lo llevaron a la policía, que parece ser que es la que se va a encargar de que se presente de nuevo a su destino militar, donde se volverá a negar a prestar servicio militar y será vuelto a poner a disposición judicial, con lo que seguirá acumulando causas de desobediencia como sucedió con los objetores anteriores.
a Halil lo traían como si fuera un malicuente.
Cuando volvimos a Estabul conocí a Mehmet Tarhan , el cual no habla inglé y me hizo poco caso, luego me fui con Betina a su casa, conocí a su compañera Esperanza, y redactamos el artículo de Insumissia.
Intervención de Cyntia Enloe en el Seminario
La Conferencia
Por la mañana acudí a las nueve al hotel donde se alojaban los ponentes para coger el autobús. Allí estaba Andreas y algunos ponentes más, entre los que había bastantes alemanes. En breve llegamos a la universidad, tomada por la policía, pues parece ser que este tipo de eventos antinacionalistas cuenta con amenazas de la extrema derecha. En la Universidad de Bilgi se han llegado a realizar jornadas sobre el genocidio de los armenios. La sensación de realizar una conferencia entre secretas y uniformados no era muy agradable, sobre todo cuando dos días antes en el jucio a Halil los militares nos habían estado filmando para tenernos identificados.
La primera conferencia era sobre objeción de conciencia en Turquía y el mundo, con Andreas, Tali, Rudi Friedrich, un alemán que trabaja en una ONG colocando objetores y Ugur Yorulmaz, de Istambul Antimilitarist Initiative (IAMI), una de las organizaciones que componen el MOC de aquí. Andras leyó además la conferencia de Enrique sobre la OC en Paraguay.
Andreas, Tali y el resto de ponentes de la primera conferencia.
Eran las doce del medio día e hicimos una pausa para comer, a la una y poco ya estábamos de nuevo en el salón de actos. La segunda conferencia trataba de la historia de la objeción de conciencia, con cuatro académicos que hablaron de lo que les dio la gana, más bien sobre militarismo internacional y OC en Estados Unidos.
La tercera conferencia fue bastante interesante, pues trataba de la objeción de conciencia como crítica del patriarcado, sexismo y del heterosexismo. Los ponentes eran Cynthia Enloe, Serpil Sancar, una profesora turca qué estudia temas de género y patriarcado, y Mehmet Tarhan, activista gay y objetor de conciencia.
Por la noche fuimos a cenar a un restaurante... desgraciadamente me senté con los únicos ingleses, que son como es sabido los que peor hablan inglés en el mundo, así que antes del segundo plato vi que Tali se estaba aburriendo entre los alemanes y nos cambiamos a la mesa de los turcos. Allí a pesar de los problemas de lenguaje logré comunicarme con Ugur, que había leído un libro en turco sobre la insumisión en el estado español al que por cierto yo había escrito una introducción hace ya unos años. Dado que era el único que chapurreaba inglés fue con el que más comunicación pude tener, al resto me los gané cuando cogí el violín de los músicos turcos que amenizaban la cena y estuve tocando música tradicional, digamos turco-hispana . Como el raki turco es como anís, me marché tempranito ante el peligro de dicha sustancia.
Al día siguiente, como era de esperar, los venerables profesores alemanes no se presentaron a coger el autobús para ir a la conferencia. La primera conferencia del día era bastante interesante, Objeción de Conciencia y principios filosóficos del antimilitarismo, en la que cuatro profesoras turcas, dos hombres y dos mujeres, hablaron desde distintas perspectivas de la filosofía del antimilitarismo. Lo bueno fue precisamente su aportación desde fuera del movimiento y que fueran conocidos aquí, aunque tan sólo la psicóloga que habló de los procesos de construcción del enemigo habló de la forma a la que estamos acostumbrados en Europa.
La segunda conferencia versaba sobre la objeción de conciencia como derecho humano, además de un profesor y una profesora locales, una quáquera que hace lobboy a la ONU en Ginebra y Firedhelm Schneider como vice presidente de la European Boreau for Concientious Objetciont (EBCO) y experto del Consejo de Europa. Como estaban empeñados en que el principal objetivo era el reconocimiento de la objeción de conciencia tuve que recordarles en la constitución española estaba reconocido desde el 78, y que hubo desde el 89 una ley de objeción de conciencia y que a pesar de ello hubo más de mil quinientos presos. La intervención de Mehmet también se dirigió en este sentido, señalando que el no había estado preso once meses para que pusieran un servicio civil alternativo, sino para cuestionar el sistema militar.
Después de la comida venía la mesa de las abogadas, así que me eché la siesta en unos sillones de un departamento que encontré abierto y llegué a la última intervención, muy buena por cierto de Hulya, abogada de Izmir. Farda pidió la palabra para Suna, la abogada que ha llevado todos los casos de objeción de conciencia en Turquía, que relató los procesos de los cuatro objetores.
Esa noche había una fiesta de apoyo a Halil, a la que no acudió ninguno de los participantes en la conferencia, tan sólo Tomas, el serbio, amigo de nuestro contacto allí, Darko Burkan, y Alexia, de Amnistía Internacional Atenas, que amablemente me había llevado de Tesalónica a Atenas dos años atrás. Nada más llegar los amigos turcos se empeñaron en que cantara "A las barricadas", cosa que finalmente no hice porque se trataba de un garito punki con cuyo equipo de sonido era inútil enfrentarse.
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